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El gol de Mario Martos.

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Fuente: Diario Jaén
Fuente: Diario Jaén

Hacía mucho tiempo que no celebraba un gol como el que transformó Mario Martos ante la Balompédica Linense. Propablemente desde la Eurocopa. Llegó al final, sobre el descuento, para cerrar un partido que se tornó peligroso debido a la tromba de agua caída en el descanso. El Real Jaén, con una plantilla pensada para la paciencia, el apoyo en corto y la triangulación, sufrió durante la segunda parte en un ecosistema contraproducente para su naturaleza. El 1-0 de Nino se antojaba vulnerable ante los constantes pelotazos que buscaban el corazón de área blanca, porque el más mínimo error -muy probable en un campo anegado- podría ser fatal. Pero entonces apareció el canterano, amagó un primer disparo, se deslizó por el área visitante y asestó un golpe definitivo y mortal con la fuerza de los 5.000 tíos que aguantaban el chaparrón en la grada. 2-0, fin de la agonía, seis puntos de ventaja a los perseguidores, siete sobre el quinto y a sólo tres del líder. Pero no fueron estas las razones por las que estallé de júbilo.

Mario Martos no fue titular, sino que saltó al campo en el 36′ para sustituir a Fran Machado, que se retiraba lesionado. En nueve minutos, el chaval asumió la media punta y cumplió su labor de enganchar y conectar con la gente de arriba. Se movió bien entre líneas, aguantó el balón en su zona, supo llevarlo hacia posiciones de peligro y dejó destellos de lo que ya es y puede ser en un futuro: delantero rápido, técnico e inteligente, que se siente cómodo en la posición de segunda punta y sabe adaptarse a posiciones más escoradas. Y joven, descaradamente joven. La incómoda segunda parte le sirvió para doctorarse en tareas de briega y sacrificio, encumbrado, además, con ese gol extraordinario que cerraba una actuación soberbia, parecida a su celebración.

El chaval cerró un partido vital para las aspiraciones del Real Jaén. Pero no fue el gol del ascenso. El gol de Mario Martos fue el gol de la cantera y de la buena gente. El gol de un chico de 21 años que no hace mucho tiempo soñaba con jugar en La Victoria. Hoy, cumplido el sueño y con la confianza total de Manolo Herrero, Mario sigue siendo el mismo chaval que te hablaba con humildad e ilusión sobre el césped del Sebastián Barajas. Un ejemplo para la cantera, espejo en el que tantos chavales de los escalafones inferiores deberían mirarse por su respeto a los demás y su afán de superación. El gol de Mario Martos fue el gol de la cantera y de un buen tipo. Y me alegré muchísimo.