Inicio Opinión Antonio Oliver Valdés, Abidal: balones al infierno

Valdés, Abidal: balones al infierno

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abidal roselLa impericia del Barcelona, de su Consejo, para gestionar la vertiente humana de algunas situaciones resulta difícil de entender. Si faltan datos, debieran darlos, y si lo que faltan son razones debieran asumir responsabilidades. Los clubes son territorios afectivos que las sociedades anónimas someten a un estrés inhumano. Los casos de Abidal y Valdés, cambiando lo que haya que cambiar, son dos ejemplos muy parecidos de desatino y de cómo la afición hubiera preferido lo contrario de lo que ha hecho su representante legal, el presidente.

En el caso del portero, después de no haberse enterado de nada mientras Valdés estaba en el proceso de decidir, evitan el acuerdo para exponer el caso de forma pública y amistosa evidenciando, con más claridad, que esto les ha cogido con el paso cambiado. Exceso de vista. Han podido hacer las cosas con naturalidad pero las están llevado al límite, según se desprende del mensaje dejado por Valdés. Siempre hay algo peor que lo peor. Malo es no enterarse de nada, pero siempre es peor no sacar lecturas de los errores y agrandarlos con acciones desacertadas y fuera de lugar. Valdés no debiera salir del Barça con esa sensación que deja en sus palabras. Su historia no lo merece. Las entidades redactan la escritura de su grandeza en momentos como este. Momentos como el que ha elegido Valdés para marcharse y momentos como el que escenificaron en la despedida de Abidal.

Hay, en el caso de Abidal, unas palabras que sobran. Sobran las que se han dicho en el último año, o sobra el discurso compungido y valeroso de Rosell, cuando adornaba su decisión de prescindir de Abidal diciendo que lo fácil hubiera sido renovarlo. Las palabras, cuando son usadas en falso, suelen volver a pedir cuentas. Lo que ha hecho el Barcelona con el jugador no tiene por dónde ser explicado. No tardarán las palabras en volver a por lo que les pertenece. Empresarialmente hablando hay un compromiso verbal y público. Deportivamente, Abidal ha demostrado que puede; en lo relacionado con su salud, los médicos lo han habilitado para jugar y económicamente sería una broma que argumentaran algo por ese lado. La decisión con respecto a Abidal perjudica a quien la toma pero, lo más grave, es que en un tiempo como el que vivimos, perjudica al fútbol y lo proyecta como un cajón de dinero y heces donde el factor humano se desprecia. Una pena que, con todo a favor, para marcar un gol que diera la victoria más rotunda al fútbol sobre la enfermedad y el quebranto, en el Barcelona hayan mandado el balón al mismísimo  infierno del mercado y los negocios. Sin despeinarse.