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Hablamos en unos meses

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abiLa consensuada no renovación de Eric Abidal es deportiva y humanamente criticable. El procedimiento no ha sido el adecuado, dilatando la decisión en demasía para amargura del francés. No obstante, era una opción también lógica bajo términos de rendimiento y exigencia. Ahora bien, analizando la reacción y las palabras del zaguero en la rueda de prensa de despedida, se desprende que Abidal se veía capacitado para aguantar el trepidante ritmo competitivo de un club como el F.C. Barcelona. Con todo lo que ha pasado el 22 azulgrana, él más que nadie conoce su cuerpo y lo que pueda dar que sí. Si finalmente se confirma (allá donde elija continuar su carrera) que está apto para el fútbol de élite, Sandro Rosell, Andoni Zubizarreta y Tito Vilanova habrán cometido un error imperdonable que trasciende de lo meramente deportivo.

Sin cáncer de por medio, Eric Abidal es el central que el Barça lleva buscando desde que se marchó Rafa Márquez. Rápido, inteligente y suficientemente hábil con el balón en los pies para ocupar un puesto vital en el esquema blaugrana desde hace décadas. Un quebradero de cabeza tornado en pesadilla que los gerentes de la entidad siguen pendientes de solucionar. Nunca cubrir un puesto ha necesitado de un proceso tan largo y costoso. En estos días a todo culé le viene a la memoria los 25 millones pagados por el ucraniano Chigrinsky o los 18 por Song (notable centrocampista, por cierto). Y eso que con Mascherano les cayó un regalo del cielo, si no, el problema sería doble.

Con el presupuesto para fichajes de este año desembolsado en el genial Neymar, la decisión de prescindir de Abidal arroja más dudas en su evaluación. A pesar del título de Liga, defensivamente, este ha sido el peor Barça del último lustro. Vamos, que para volver a construir un Barcelona que busque la invulnerabilidad deportiva, a Tito Vilanova le conviene más un central de altura que no despierte suspicacias desde el primer día que la recién aterrizada estrella carioca. Y eso, en el mercado actual, no baja de 25 millones. Por lo tanto, las cuentas vuelven a mostrar un desfase que algunos definirán como mala planificación. Y no les faltará razón.

La conclusión a todo esto es que me temo que Sandro Rosell ha asumido ahondar este año en la deuda neta de la institución en pos de reconquistar Europa y retomar la hegemonía continental. A muchos aficionados les parecerá bien, nada que objetar. Eso sí, si de una vez por todas aterriza en el Camp Nou el nuevo Rafa Márquez, o el nuevo Carles Puyol o… el actual Eric Abidal.