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Mou y el rastro de azufre

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efe mourinhoLa exclusiva de PUNTO PELOTA ha sido descomunal, en la oportunidad periodística, en los contenidos y en lo revelador de los matices. Blanco sobre negro. Pensé que el portugués -por información recibida- era bueno en las distancias cortas pero que su personalidad le impedía una relación fluida con el mundo que rodea al fútbol. Demasiado rebuscada mi teoría. Es más simple. Las palabras de los últimos días han venido a poner luz y a desvelar matices que no había considerado. Ni complejos ni gaitas. Mou es como es. Han sido mucho más contundentes sus hechos que sus tibias palabras de admiración al Madrid y a sus aficionados. Adiós de protocolo que ya ha dinamitado en Inglaterra: Chelsea e Inter. Creo que solo sabe “ser” por oposición. Necesita negar para afirmarse. Ha dejado y dejará en mal lugar a una legión de gente que ha querido dar la versión positiva de sus acciones, no le importa. No hablo de temas deportivos. Esa es su parcela y, además, me parece bien que la marque y la defienda. Casillas, Pepe, Cristiano son cosas del fútbol y del responsable que se la juega. Ahí no hay tema. Yo tampoco creo en la titularidad por méritos adquiridos. El fútbol, como la vida, es presente. La pena es que todo se mezcla pero lo realmente duro son los resultados, los conflictos extradeportivos y la etiqueta pendenciera que deja.

Su paso por el Real Madrid, pónganle el edulcorante que quieran o el madridismo que necesiten para tragarlo mejor, ha sido uno de los mayores desencantos en la historia reciente del club: inversión/pasión/tiempo/beneficio. No se sostiene. Puede valer para otros, para el Real Madrid no. Vino a ganar Europa y se ha quedado, tres veces, en el vestíbulo. Solo en una ocasión puede  decir, para excusarse, que le cortó el paso el mejor Barça de la historia, que ya es triste la excusa para todo un Real Madrid, las otras fueron equipos de su línea. De tres Ligas tiene una y la última la ha ganado el Barcelona con un entrenador, por desgracia, a tiempo parcial. Si a Tito no se le cruza la fatalidad y está todo el curso con su equipo, las distancias en la Liga hubieran sido de traca. De eso se habla poco. Ganó la Copa del Rey al Barcelona y la perdió con Atlético de Madrid. Punto, en lo que se refiere a torneos de jerarquía. También le ganó la Supercopa al Barcelona y desde entonces ese trofeo ha pasado a tener categoría superstar. Necesidad obliga.

Dicen que ha puesto firme al vestuario, menos mal. El vestuario se le ha revelado a la tercera como ocurrió en el Inter y no ha sido capaz de quedarse para sostenerla o arreglarla. Le suele pasar a los genios menores, desarman el muñeco pero jamás tienen capacidad para recomponerlo, toman otro y siguen experimentando.

Se va, genio y figura, creando un cisma de compleja solución. Ha querido dejar al irse un tratado sobre educación y valores. Además, amnésico. Quien, entre un largo rosario de acciones ejemplarizantes, sorprendió a Tito con el dedo en el ojo, el que atacó públicamente a un subordinado llegando a ridiculizar sus opiniones técnicas o el que arremete con medias palabras contra árbitros e instituciones, no puede hablar de educación ni de valores. Se va, homenajeado por los ultras, mientras la grada del Bernabéu permanece entre el respaldo obligado a su entrenador y el rechazo a quien ha desmontado la carta de valores fundamentales de la entidad. Es el que más ha llorado y el que peor ha perdido. Mou abandona dejando azufre tras de sí, pero el fútbol no se queda con nada de nadie, siempre vuelve a por lo que es suyo y a dejar lo que no le pertenece. Ganó Champions con el Oporto, lo hizo con el Inter; llegó al club más importante del mundo, le dieron tres oportunidades y mucho dinero para fichajes, pero se va sin cumplir el objetivo. Se puede poner todos los paños calientes que quiera y alicatarse de sofismas hasta el cuello pero se va rumiando un fracaso. Él lo sabe y en eso lleva la carga. Quien presume de ganar sabe perfectamente lo que es perder. Inglaterra lo espera. Allí tiene tarea, competencia y poco margen de error. Tengo la sensación de que el fútbol viene a pasarle la factura a José.