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Agilidad mental

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DEFENSA BARCELONAEntre los muchos menesteres que ocupan estos días la agenda de la secretaría técnica azulgrana, Messi y el central sin nombre acaparan la mayoría de tinta que versa sobre la entidad que encabeza Sandro Rosell. Un presidente que salió esta semana para posicionarse ciegamente sobre el estandarte argentino, procurándole el mayor de los apoyos respecto a la acusación judicial en su contra (¡faltaría más oiga!). Fue un discurso orgulloso en lo deportivo, presumiendo de Liga ante su némesis blanca, y en lo económico, anunciando un nuevo superávit (30 millones) en tiempos donde los culés tiemblan ante el desembolso que el club va a llevar a cabo este verano. También mentó el caso Thiago (pero, ¿hay caso?) y el futuro Camp Nou. Pero ya habrá tiempo de profundizar en ambos.

Lo de Leo no deja de parecer surrealista. Fraude económico en los ejercicios del IRPF de los años 2007, 2008 y 2009 por más de 4 millones de euros. Sorprende (a mí al menos) que sean necesarios más de 5 años para sacar a relucir tales infracciones. Obvio que el de Rosario ingresa cantidades astronómicas que requieren supervisión minuciosa, pero no menos obvio es que una determinación de tal calibre (estulta e ilegal) arruinaría la carrera meteórica del 10 azulgrana y de la albiceleste. Por tanto, no apostaría por su culpabilidad (ni la de su padre), otra cosa es la mayor o menor destreza de sus abogados en el ejercicio de su labor.

Tampoco parece que le quite el sueño al astro argentino, vistos los tres goles anotados a domicilio el viernes ante Guatemala. Ese sueño seguro que le falta a Andoni Zubizarreta, en su bacheada singladura por complacer los deseos del capitán Tito. Los descartes serán numerosos y los fichajes escasos (…y caros). Con la confirmación de la continuidad un año más de Valdés, el central es la prioridad. Pero él más que nadie sabe de la complejidad de la operación, y no sólo en términos monetarios, que también. La técnica es condición indispensable para ocupar esa demarcación en el Barça, pero casi más relevante que el propio sentido táctico es la velocidad de pensamientos, decisiones que deben tomar los centrales en este equipo en cuestión de milésimas de segundo. Puyol, Piqué y Mascherano se manejan seguros y sin vértigo en ese alambre. Pero no todos conviven tan naturalmente en tal tesitura.

Sangre fría y determinación son necesarias para saberse capaz de ejecutar con precisión un pase al primer toque de la defensa al centro del campo, cuyo éxito propicie una circulación rápida que impida a las sombras de los Xavi, Iniesta y compañía llegar a sus marcas a tiempo de evitar el caudal imaginativo de los astros de la medular. No es coincidencia que en todos los encuentros de esta temporada donde los de Tito Vilanova no han estado finos, la circulación de balón haya salido a la palestra como el principal motivo. Y es que, aunque no lo parezca, robar un balón y darlo en uno o dos toques, fuerte y preciso, a los compañeros del centro del campo, marca la diferencia entre un Barça y otro.

Pero no todos los centrales saben y se atreven a hacerlo. Es más seguro conducir el esférico con cuatro o cinco toques y entonces sí, desplazarlo. Ok, pero así no va esto en Can Barça. El balón ha de correr, entregarlo fuerte y al pie y cuanto antes mejor. Sólo se disponen de escasos segundos para decidir entre varias opciones que se le presentan al jugador, pero ahí es donde la agilidad mental ha de imponerse. Porque para ser futbolista en este equipo has de tener muchas virtudes, la más codiciada, la inteligencia.