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Villa: la cándida credulidad del fútbol

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david villaMe gusta que el fútbol no haya perdido la inocencia. Villa ficha por el Atlético de Madrid y lo hace por la módica cantidad de cinco millones, pagados cómodamente. Supongo que, cuando se publique este artículo, alguien habrá caído en la cuenta de que Barcelona y Atlético de Madrid habrán cerrado una operación más compleja que la conocida. Lo evidente, cuando es tan evidente, siempre es una proclama del recelo y, en este caso, algo más. De todas formas, con la mera sorpresa y con la incredulidad, no basta. Habrá que buscar la conexión con lo real.

Casi todo el mundo ha dado por bueno que “Villa por cinco millones” es verdad de la buena. Afortunadamente el fútbol es un colador, tiene más agujeros que una defensa mala. Se sabrá. Solo les puedo decir que un banco no se sostiene con dos patas, hace falta más apoyo. Los colchoneros han salido muy quemados de la negociación con Del Nido. Todo lo que negocia el presidente del Sevilla, acaba siendo muy duro y, en algún momento, hasta desagradable. Hubo un momento en el que Atlético y  jugador se vieron en el mismo barco. Sin embargo en un punto concreto el negociador del Manzanares comprendió que había una línea roja impenetrable y ya negoció sin negociar. Tenía la cabeza en otro sitio. Negredo se queda en Sevilla, encantado por otra parte, a la espera de que se concrete algo y Villa pasa de rumor lejano a fichaje consumado.

Simeone respira y se la envaina. El argentino sabe que él se irá y club sigue pero a él le interesa  su presente, del futuro que se ocupen otros.  Maneras de sentir. En el fondo lleva razón, el fútbol es el momento y nada sirve de nada si a ti no te sirve. Formas de populismo. Lo cierto es que de las críticas por lo de Negredo y la decisión de no ceder, se pasa a la alabanza por la magnífica operación en la que casi se ridiculiza a un cándido Barcelona, dadivoso, inocente y compresivo. ¿Así de fácil? Más adelante hay más. Seguro.