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El fútbol, lo mejor que me ha pasado: Mundo

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1001550_10201000043777492_548320538_n El Real Jaén vivía momentos de transición. Una de esas travesías del desierto en las que se ha hecho especialista. Jugadores, entrenadores y directivos trataban de encontrar un camino de salida a un tiempo gris que parecía no tener fin. Cada año, como hasta ahora, se cerraban las heridas de la anterior y la pretemporada suponía un tiempo nuevo. Una de esas pretemporadas apareció en Jaén, Mundo, un chaval ilicitano de diecinueve años. Jugador espigado, con cara de niño y con una ambición sujeta a los ojos: quería triunfar en el Real Jaén. Tardamos poco en darnos cuenta de que Mundo tenía todas las condiciones para hacerlo. Era muy rápido, tenía sentido táctico y una capacidad natural para sacar de sus casillas al contrario. Contra su velocidad y su forma de ir en busca del área rival solo podían oponerse fórmulas al límite o fuera del reglamento.

En Jaén vivió mil peripecias deportivas y burocráticas. Solo citar, como muestra, que un extraño movimiento económico y federativo le impidió, con 21 años, ser jugador de un Castilla que luego haría historia. Ese lugar era el suyo pero el fútbol se lo llevó por otros derroteros. Fernández Trigo, histórico dirigente madridista, puso el máximo interés en que Mundo ingresara en el Real Madrid pero un laberinto de cesiones, contratos y dinero, lo hicieron imposible. Jugó mucho y, por donde pasó, dejó huella de su calidad deportiva y humana.

Mi relación con Mundo siempre fue correcta y cordial. Jamás discutió ni encajó mal, cuando se produjo, una crítica. Sin embargo el fútbol, otra vez, me puso delante a un ser humano de enorme magnitud. A ser futbolista se puede llegar con trabajo y entrenamiento, buena persona se nace. Mundo es alguien que felizmente no ha tenido que reinventarse, es como era: bueno. En el vestuario era un aglutinador, un optimista. Todavía recuerdo la pareja inolvidable Mundo-Manolillo y su influencia decisiva dentro y fuera del campo. Mundo y yo tuvimos tiempo de construir una amistad, que acercó mucho los papeles del periodista y el jugador. No era fácil pero su inteligencia y mi insistencia sirvieron para que las personas estuvieran siempre por encima de otras cosas.

Leal, sincero, entrañable, cariñoso y siempre cercano, Mundo dejó en Jaén tantos amigos, tantos recuerdos que, sin volver demasiado, la afición y sus amigos lo tienen muy presente. Se fue y le seguí siempre. Nos reencontramos en Sevilla y recuerdo una tertulia entrañable con Críspi antes de un partido de Copa que el Elche jugaba contra el Real Betis. Era un jugador de jerarquía para su equipo y, como siempre, un ser humano descomunal. Ni cambió ni ha cambiado. Cuando meto la mano en el cajón de las fotos hay veces que frunzo el ceño, otras que me pongo triste pero si en la mano, por casualidad, aparece una foto de Mundo detrás aparece, siempre, una sonrisa y un recuerdo amable. El fútbol da muchas cosas y te cruza con mucha gente. Mundo es para mí una razón más para estar seguro de que, en mi vida, el fútbol y personas como Mundo, son lo mejor que me ha pasado.