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Un bronce que agranda una leyenda

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beitiaRuth Beitia ha sido, es y será un emblema del atletismo español. En agosto del año pasado, tras vencer su decimonoveno Campeonato de España y pese a ser la mejor atleta española en Londres 2012 con un amargo cuarto puesto y lograr un histórico oro en el Campeonato de Europa de Helsinki, amagó con la retirada. Parecía el adiós de la mejor saltadora de altura española de siempre. Seguramente gracias a las lluvias de Cantabria, que le impidieron disfrutar del patinaje al aire libre, otras de sus pasiones, decidió seguir compitiendo. Menos mal para el atletismo español y menos mal para su legado como deportista.

Desde aquella decisión, Ruth ha seguido rindiendo como una veterana, como la capitana del equipo español. En marzo, en los Campeonatos de Europa de pista cubierta en Göteborg (Suecia) puso el broche de oro a su palmarés indoor con una victoria para el recuerdo. Ese oro se unía a sus platas de Madrid 2005, Torino 2009 y París 2011 y a su bronce de Birmingham 2007 junto a las mundialistas, también en pista cubierta de 2006 en Moscú (bronce) y de 2010 (plata) en Doha. Pero a esa trayectoria le faltaba la medalla en un Mundial al aire libre. Y la saltadora cántabra de 34 años cumplió su sueño.

Mucho se había hablado, y con razón, de que Eusebio Cáceres era la gran esperanza de medalla para la expedición española en Moscú. Y entonces, pocos se acordaron de la capitana. No llegaba con una gran marca y parecía lejos de las rusas y de la norteamericana Barrett, que le birló la presea en Londres. Pero Ruth Beitia es un seguro de vida. Comenzó el concurso saltando con soltura los 1,89 metros al igual que 11 de las 12 finalistas. Algunas más, entre ellas Shkolina, a la postre la campeona, tropezaron en el 1,93m. No así Ruth que siguió rebasando el listón a la primera.

El próximo objetivo, el 1,97, una marca que antes aseguraba medalla, también se lo adjudicó sin fallo. Sólo cuatro atletas lo hicieron sin nulos: Barrett, la favorita Chicherova, Shkolina y la española. Saltar por encima de los 2 metros era la barrera que faltaba derribar para lograr esa ansiada medalla. Pero no hizo falta. Chicherova, la rusa con 2,07 m como mejor marca, se atrancó en los 2 metros y con tres nulos dijo adiós a la posibilidad del oro. Ruth, que había calcado el concurso de la rusa, tampoco pudo con los dos metros, pero como ninguna saltadora de las de atrás lo hizo, se aseguró el bronce compartido con Chicherova. Poco importó que Barrett fuera plata con 2 metros y Shkolina se repusiera del nulo inicial y ganara la prueba con 2,03 metros. Las miradas españolas se centraron en la mujer de la dulce sonrisa y la voz angelical. Una saltadora que a sus 34 años logra un bronce mundialista al aire libre, que parecía imposible hace un año pero que agranda su leyenda. Ahora, el panorama ha cambiado y parece animada para seguir otro más al pie del cañón. Haga lo que haga ya es historia del atletismo español.