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Prisionero de la obediencia

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Neymar y Messi 2Juzgar a aquellos que sobresalen futbolísticamente en este país nuestro es bien sencillo. Quien demuestra cualidades extraordinarias ha de evidenciarlas sin demora a base de goles y espectáculo, resolviendo partidos y, a poder ser, ganando títulos al mes de aterrizar. Qué menos, ¿no creen? Tener en cuenta la adaptación de dicho futbolista (sí, hablo de Neymar), su temprana edad, desconocimiento del idioma, compañeros, cultura, son minucias a ojos de los eruditos; excusas que no impedirán su ya sellado fracaso. Nadie parece apreciar que el habilidoso brasileño está siguiendo los lentos y acotados pasos que dio el mismísimo… Leo Messi.

Me explico, no desesperen, ni me mal interpreten, eso nunca. Ni en el mayor de los episodios de enajenación se me ocurriría aseverar que el nuevo 11 azulgrana va a ser el nuevo Messías del fútbol. No veo más allá del día a día, a diferencia de otros clarividentes como Pelé o Scolari (ambos brasileños, ¡qué coincidencia!) que lo ven a su altura en apenas dos años. Ni diré una cosa ni otra. Donde veo similitudes es en sus inicios tácticos, y por tanto, en su incidencia. Las dos primeras temporadas y media de Messi se las pasó el argentino jugando pegado a la cal de la banda derecha, con la única licencia del balón para saltarse el guion que le habían preestablecido. Su Camp Nou era de 40×20, sobraba el resto. A pesar de ello, La Pulga se las arregló para destacar, pero no con la regularidad que ahora nos tiene acostumbrados. En muchas crónicas de aquella época apenas se lee su nombre. Las genialidades y la responsabilidad recaían en Ronaldinho, Deco y Eto´o. Recién cumplidos los 20, a Leo le tocaba callar y obedecer.

Hasta que llegó Pep y lo desató. Fuera grilletes y a deleitar. Todo un océano para un tiburón largamente privado de su libertad futbolística. Al alumno Neymar le ha tocado un estricto profesor en su primer curso. El Tata Martino parece tener las ideas muy claras. No le tiembla el pulso y cuando cuenta con el carioca, lo arrincona en la banda izquierda, justo como Leo hace 8 años. Es por eso que sólo se le ve si le llega el balón, y en el 70% de ocasiones, para devolverlo en dos toques al compañero que se lo ha cedido. Y todo ello a 40 metros del arco rival y con dos o tres rivales en sus inmediaciones. ¿Es realmente posible decidir partidos en tal tesitura? Messi no lo hacía, pero claro, él no costó 57 millones de euros.

No espero, por tanto, 30 goles de Neymar este año. Sí que ayude con su desequilibrio, visión de juego y obediencia. Porque le va a tocar ceñirse al guion que le han labrado para que, algún día no muy lejano, se erija en la estrella que está llamado a ser. Pero me temo que eso será cuando él busque el balón y no al revés, cuando tenga un océano que gobernar y no limiten su creatividad. Sólo espero que por el bien del fútbol, Neymar no tenga que esperar tres temporadas como tuvo que hacer Leo.