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¿De quién es el Real Madrid? La venta de Özil

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untitledNo son muchos los detalles que se han filtrado en referencia a los motivos por los que el Real Madrid se ha deshecho de uno de sus jugadores con más talento: el jugador alemán de origen tunecino, Mezut Özil. Algunos medios especializados lo achacan a la actitud del padre y representante del jugador, otros a la propia falta de competitividad y carácter ganador del alemán. También se menciona la intención de Özil de asegurarse un puesto de titular en un gran equipo de Europa con vistas al Mundial del próximo verano—ya que la explosión de Isco y la compra de Bale parecían cerrarle las puertas de la titularidad en el equipo merengue.

Probablemente, nunca llegaremos a conocer los verdaderos motivos de la salida de Özil. No obstante, lo que sí puede decirse es que el Real Madrid, en general, y sus mandatarios—con Florentino Pérez a la cabeza—, en particular, han actuado MAL. No entraré en cuestiones técnicas, que no me competen, sobre si Özil aportaba al juego del Madrid algo que ningún otro jugador puede, si es el mejor “10” del mundo, o si podía ser titular junto con Isco y Bale. Mi punto de vista aquí será el de la ética. Desde ella, defenderé que los directivos madridistas actuaron incorrectamente desde un punto de vista moral en lo que respecta a la venta de Özil.

 La imagen que ilustra y resume todo mi argumento es la del máximo mandatario blanco, Florentino Pérez, poniéndose el dedo a la boca en señal de silencio para callar los cánticos en favor de Özil en la presentación de Gareth Bale. Y es que, más allá de detalles sobre los motivos de la marcha de Özil y de cuestiones técnicas, es más que evidente que el alemán era de los más queridos por la afición. Por ejemplo, su venta generó tres veces más reacciones y comentarios que el nuevo fichaje más caro de la historia del fútbol. Y esto no es lo peor, los propios compañeros de Özil, como Cristiano Ronaldo, Álvaro Arbeloa, y Sergio Ramos se han manifestado a disgusto con su marcha.

 Esto me lleva a plantearme la cuestión de la toma de decisiones en el ámbito deportivo y, por extensión, de la verdadera propiedad del Real Madrid. A su llegada al club blanco, hace ya unos años, Florentino no se cansó de decir, tal y como ha repetido en su última campaña electoral, que el Real Madrid es de sus socios y de todos aquellos que acuden al estadio y sufren con el equipo. Sin embargo, cuando se trata de la toma de decisiones, éstos quedan fuera. Florentino es el líder absoluto; disfruta de un poder cuasi-totalitario.

 Esto ya quedó claro en el hecho de que los requisitos para ser presidente del Madrid se han endurecido tanto que nadie pudo presentar una candidatura que luchara con la de Florentino. Y se ha visto reflejado de nuevo con la venta del jugador alemán. Ni las manifestación públicas de la afición en contra de su venta en la presentación de Bale, ni los sondeos  de la opinión pública madridista realizados por Internet han tenido efecto alguno sobre la decisión de vender al alemán. Además, como hemos visto, pesos pesados del vestuario se han manifestado también en contra. Así pues, parece claro que la opinión de ninguno de ellos ha sido tenida en cuenta. El Real Madrid, por mucho que Florentino se empeñe, no es de los socios, ni tampoco de sus principales protagonistas: los futbolistas, sino de unos pocos. ¿Es este el modelo de decisión más adecuado para un club de fútbol?

 Decía Jürgen Habermas, uno de los grandes filósofos del siglo xx, que a la hora de resolver cuestiones prácticas hay que tener en cuenta tres tipos de razonamiento: el de tipo estratégico, el relacionado con los valores compartidos por una comunidad concreta y, por último, el referido a aquellas características que todos los seres humanos compartimos. En su caso, éstas son aquellas que nos configuran como seres capaces de dialogar.

 Aplicando este esquema al caso Özil, podemos encontrar diversas razones por las que su venta sería aceptable, por ejemplo, cuadrar las cuentas del club o que los valores del Madrid no casan con los de un jugador que pretende jugar siempre aunque su actitud y rendimiento no sean los esperados. No obstante, para Habermas, estas razones han de pasar por el rasero del tercer tipo de razonamiento expuesto arriba. Éste exige disponer la toma de decisiones de modo que ésta se realice teniendo en cuenta la opinión de los afectados por la decisión. Así, esta se realiza de modo dialógico. Este tercer ámbito del razonamiento práctico es denominado por Habermas como “moral”. Aquellas decisiones que no cumplan con este requisito serían incorrectas desde este punto de vista.

 Cierto es que Habermas diseñó este esquema para problemas políticos, sin embargo, podemos trasladarlo al deporte, sobre todo, en casos como éste en que los directivos del club en cuestión no se cansan de decir que éste pertenece a sus socios y aficionados, o que, llegando aún más lejos, es patrimonio de la humanidad. Las palabras son vacías sin hechos. Un esfuerzo en retener al alemán, dadas las manifestaciones públicas en favor de ello, habría sido un modo de mostrar que el discurso oficial de los directivos es cierto. No obstante, éstos dejaron claro, de nuevo, que el Madrid no es de los socios, ni de aquellos que se preocupan tanto por él, sino de unos pocos—o de uno. El resto quedan silenciados.