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Partidistas o puristas

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Francisco Javier López. Valencia.

Cabinas-radio-Santiago-Bernabeu_MDSIMA20110926_0315_4Sólo llevamos seis jornadas de Liga. Es todavía muy pronto para sacar conclusiones y saber si algo ha cambiado con respecto al año pasado en términos futbolísticos: ¿tendremos una liga bicéfala o el Atlético será capaz de dar la campana? ¿Será el F.C. Barcelona el mismo de otros años o se está en proceso de cambio? ¿Podrá el Real Madrid encajar sus piezas a tiempo? Aún es pronto para sacar conclusiones. Si hay una cuestión sobre la que sí podemos hacerlos, esa es la cantidad y el contenido de los debates públicos que se están generando alrededor de los dos grandes de nuestro fútbol: Madrid y Barcelona. Ambos han estado siempre en el foco de atención. Sin embargo, los debates generados en torno a ellos solían tender, en los últimos años, a centrarse en cuestiones superficiales como: qué dirá Mourinho en rueda de prensa, cómo será la batalla Messi-Ronaldo, cómo se van acoplando los nuevos jugadores… Sin embargo, este comienzo de Liga nos está trayendo debates sustanciales que atacan elementos “esenciales” de ambos clubes.

En la Ciudad Condal, el debate está, sin duda, en la cuestión del estilo. Tras el partido ante el Rayo Vallecano en el que el club dirigido por el Tata Martino perdió la posesión, muchos han clamado al cielo por tal atentado contra el estilo de toque y posesión del Barcelona. Por el contrario, en la Capital el estilo no parece en cuestión, principalmente porque no lo hay. Allí, el debate está en la eterna discusión Casillas-Diego López, la cual nos conduce más lejos: a saber, lo sagrado que para el madridismo fueron siempre sus mitos—a pesar de que, paradójicamente, acabaron saliendo por la puerta de atrás: Raúl, el eterno capitán, marchó a Alemania, Hierro no fue renovado, Redondo vendido al Milán… Por último, Paradas Romero ha encendido un debate que atañe a los dos grandes por igual, y que se agranda tras los errores arbitrales de Muñiz Fernández en los partidos Barcelona-Sevilla y Elche- Real Madrid. Según Paradas Romero, a los árbitros españoles les sale muy caro equivocarse cuando pitan a uno de los dos grandes. Motivo por el cual, él ha decidido abandonar el mundo del arbitraje.

Así, el estilo de juego, los valores deportivos, y el estatus de los poderosos está poniéndose en tela de juicio en estos debates. Desde Madrid y Barcelona tiende a desacreditarse estas discusiones afirmando que las produce la prensa que protege al máximo rival para desestabilizar al contrario. Así, se les resta importancia y se les tacha de ser algo trivial y sin importancia. Por ejemplo, desde Barcelona se dice que el debate sobre el estilo de juego tiene su origen en Madrid. Lo mismo se dice en Madrid en relación al debate en torno a Casillas.

No obstante, están completamente equivocados. Quizás, es cierto que el debate se origina en el bando rival. Pero no hay razón alguna para deslegitimarlo en función de dónde haya tenido su origen. En filosofía llamamos como “argumento ad verecundiam” a aquel argumento falaz que apela a la fama, el prestigio, o la posición de aquel que lo fórmula para desacreditarlo o aceptarlo. Como todo argumento falaz éste debe ser rechazado. Las ideas son ideas después de todo, no importa quien las formule, han de ser analizadas como tal. En esto la prensa tiene una vital importancia, pues ellos son los canalizadores de los debates públicos, así como el agente más importante en lo que a la formación de la opinión pública se refiere.

Así, hemos de centrar nuestra atención en el modo en que tiene lugar el debate. En filosofía, una de las grandes corrientes éticas se denomina procedimentalismo. Ésta defiende que si disponemos de los procedimientos adecuados, de ellos se seguirán acciones correctas. Esto sucede con los debates, sólo serán beneficiosos si se llevan a cabo correctamente. En mi anterior artículo defendí la necesidad de dejar participar a todos los afectados por una cuestión. En éste, sin embargo, mostraré otra característica, a saber, la del espíritu desde el que se deben realizar estos debates.

En filosofía del deporte distinguimos entre dos tipos de espectadores: partidistas y puritanos. Los primeros son aquellos que desean que su equipo triunfe sobre todas las cosas, mientras que los segundos prestan más atención a los bienes y excelencias del deporte en cuestión. Lo mismo puede hacerse con los periodistas. Como nos enseñó Aristóteles parece que los extremos son siempre negativos, así pues, hemos de buscar un término medio. Ese es el que yo denomino como espectador—o periodistas—moderado. Es cierto que queremos lo mejor para nuestro equipo, sin embargo, también adoramos el fútbol y reconocemos ciertos estándares. El moderado encarna esta posición intermedia. El Bernabéu ha dado algunos ejemplos muy buenos de esta actitud con los aplausos a Iniesta, Silva o Ronaldinho. Siguiendo este criterio, los debates en torno al fútbol deberían ser dirigidos desde esta actitud intermedia. Siendo así, y dado el papel esencial que desempeñan los medios de comunicación, lo ideal es que éstos adopten el papel del espectador moderado, algo que no parece adecuarse con la realidad. Tampoco estaría mal que los propios deportistas se lo aplicaran, pues por mucho que veo Canal+ Liga yo no veo películas de comedia ni funciones de teatro, sólo una competición entre seres humanos—y dirigida por ellos—que, además, está influida por potentes intereses económicos y grupos de poder.

Poder desarrollar los debates futbolísticos—y cuantos más, mejor—de este modo será completamente beneficioso para el fútbol. Sobre todo, desde el punto de vista del espectador y aficionado, pues en ese sopesar y discutir las ideas, los seres humanos aprendemos y mejoramos nuestros modos de concebir las cosas y de actuar. Así, estos debates no deben ser tachados de estrategias de desestabilización o de cuestiones triviales, sino como el modo que una comunidad determinada, la futbolística, tiene de autocomprenderse y aclarar sus ideales, conceptos, principios, etc. De hecho, siguiendo esta idea, el debate es el modo en que los espectadores y seguidores tenemos para “influir” en el curso de nuestros clubs, a través de él se forma una opinión pública que, aunque sea de modo indirecto, tiene importancia en el devenir de nuestros equipos, pues lo que primero son ideas, al final acaban convirtiéndose en acciones.