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A pesar de todo, me gusta el fútbol (I)

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aficionRafael Rebollo.
Catedrático Acreditado de Derecho Penal.
Universidad Autónoma de Barcelona.

Ayer día 1 de Octubre hubo partidos de la fase de Grupos de la Champions. Me deleité viendo el partido del Barça,  disfruté contemplando la bravura del Atlético de Simeone y, a buen seguro,  al margen de los resultados, esta noche tendré las mismas  sensaciones  con los  partidos  de la Real Sociedad y del Real Madrid.

Sin embargo, hace unos días apareció en la prensa una noticia que pasó prácticamente desapercibida en la que se pone de manifiesto un ejemplo vivo de lo que son las cloacas del fútbol. Ésta hacía referencia a las comisiones: “El Valencia CF pagó, en concepto de comisiones a agentes, la friolera de 52 millones de euros entre el año 2004 y el presente 2013. Salvo indicó que el Valencia compra más caro de lo que vende…A lo que se añade: “…La reflexión es que nos hemos gastado 300 millones en fichajes y 52 en comisiones para ganar una Copa del Rey” (VLC News, 22 septiembre 2013); pues bien, con independencia de los pobres resultados obtenidos por el Valencia, del mayor o del menor acierto en los fichajes, lo que es verdaderamente escandaloso es que se hayan pagado 52 millones de euros a intermediarios.

futbol maletinesAhora bien, no se trata de un “mal” que sea imputable exclusivamente al Valencia, sino que los “chanchullos”, comisiones y/o operaciones inconfesables son algo absolutamente extendido y extrapolable a la mayoría de los grandes  Clubs españoles de fútbol. Sin embargo, es todavía mucho más censurable cuando esas comisiones o una parte de ellas son cobradas por los propios directivos de los equipos. Esos directivos que se pavonean en las salas VIP’S de sus estadios, que  proclaman a todos aquéllos que tienen a su alrededor el amor a su Club, a la Institución a la que (mal) representan y que –dicen- anteponen sus colores a cualquier otro interés personal por nimio que sea. Todavía recuerdo,  es un dato fácilmente constatable repasando las hemerotecas, aquel célebre: “Chusin el precio lo pongo yo”. Se trata de la frase que el entonces gerente del Barça, Antón Parera le dirigió a Chus Pereda –según éste- durante las negociaciones por el fichaje de un joven brasileño de 21 años: Geovanni. La diferencia estaba obviamente en el precio del jugador: los 12 millones de dólares inicialmente pactados, los 18 que el presidente del  Cruzeiro exigió en un momento determinado, y los 8.5 millones de dólares que Pereda entendía que era el precio del jugador.

Lo anterior es sólo un ejemplo, que en el caso del Barça de aquélla época no sólo fue un hecho puntual sino que era común y del que también fue una buena muestra el fichaje del “Pistolero” Sony Anderson, del que nunca se conoció su coste real; dudas que parece que también se extienden al reciente fichaje de Bale por el Real Madrid, en el que ni siquiera hay acuerdo entre su Club de origen y la entidad blanca sobre el coste real de la operación.

¿Se imaginan por un momento que esas situaciones se dieran en el ámbito empresarial? Sin duda los accionistas, el Ministerio Fiscal,  los perjudicados  o cualquiera con legitimación procesal interpondrían las correspondientes acciones penales. Sin embargo, la opacidad en los Clubs de fútbol es total, las deudas inconmensurables; es más, si se analizara la gestión económica de alguno de ellos sería un ejemplo de lo más ilustrativo para los estudiantes de cualquier Facultad de Administración y Dirección de Empresas del país acerca de qué es lo que no se debe hacer. Pero, no pasa nada, a pesar de que se trata de situaciones escandalosas que si tuvieran lugar en cualquier otro foro ya fuera público o privado daría lugar a la exigencia de responsabilidades penales de los dirigentes que se sirven de los Clubs, de su afición, de sus socios para fines absolutamente espurios.

A pesar de todo, me gusta el fútbol…