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La letra pequeña del cargo

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Tata entrenando“Parece que exista la necesidad de crear una crisis semanal” decía el Tata esta semana en rueda de prensa. Mitad incrédulo, mitad enojado, apunto, y con razón, si me permiten, dado su pleno tanto en Liga como Champions, sin mencionar su exquisito (hasta ahora) trabajo de ensamblaje, gestión y evolución de la plantilla y sus nuevos automatismos. No obstante, erraba el profesor en la definición de la acción misma que empuja al famoso entorno azulgrana a agitar sin miramientos sus propios cimientos según el balance deportivo del momento. No es necesidad, sino naturaleza. O cultura. En definitiva, nada que ver con procedimientos orquestados premeditadamente. Sólo una muy determinada forma de ser.

Pero ella no es, ni mucho menos, consecuencia del triunfante periplo que desde 2006 atraviesa el club (hablamos únicamente de la sección de fútbol, obviamente). Décadas atrás cuando el bagaje de éxitos de su principal vertiente deportiva era mediocre, casi inexistente, esa furibunda perspectiva del mundo Barça era igual de incisiva, aguda, injusta, desmesurada, defínanla como mejor lo consideren. No entraré a desglosar al detalle su origen, pero siempre el inversamente proporcional poderío del Real Madrid durante esa época influyó para siempre en la manera de tratar la actualidad de la entidad por parte de los periodistas, principalmente, y también de la propia afición culé. Además, si el Barça es más que un club, lo es por el poderoso sentimiento que despierta en sus seguidores; un fervor deseo de victoria y grandeza guiadas por un estilo ofensivo y casi inalterable de su modelo futbolístico.

Todo esto es lo que el Tata Martino está comenzando a palpar en primera persona. Algo que embriagado por el halago y la maravillosa oportunidad profesional de dirigir al Barcelona pasó por alto en primera instancia. No la presión de un gran club, ni la complejidad de una liga europea del calibre de la española, sino la inhabitual idiosincrasia y exigencia que rodea a la institución azulgrana. Injusta la mayoría de veces sí, pero de obligado cumplimiento por parte de aquel que quiera prolongarse exitosamente en el banquillo del Camp Nou.

En los apenas dos meses que lleva entre nosotros, al argentino lo que no le falta es personalidad. No es un recién llegado al uso, por lo que sabrá sobrellevar este particular peso sobre sus hombros. Le guste o no, lo comparta o lo aborrezca, estaba adyacente en el contrato que le ligó al club por las próximas dos temporadas.