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Schuster

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schuster-augsburg_crop1Javier Imbroda. Recuerdo al Schuster futbolista. Fue en la Eurocopa de 1980, cuando debutaba un joven espigado, rubio, de desplazamientos elegantes, tanto como su fútbol. Una auténtica revolución. Rodeado de estrellas consagradas de aquel entonces como Rummenigge, Stielike,…, se hizo hueco entre ellos. Con 20 años, se proclamaba junto a su selección, campeona de Europa, y fue nombrado jugador revelación de aquella Eurocopa y Balón de Plata. Se consagraba a pesar de su juventud, uno de esos centrocampistas que hacía de la creación, su seña de identidad.

A los 23 años por razones que se me escapan, renunciaba a jugar con su selección. Una de esas decisiones controvertidas que le han acompañado a lo largo de su carrera profesional. Aquella esplendorosa irrupción en el mundo del fútbol, le trajo a España, un país acogedor de los mejores futbolistas del mundo. El Barça fue su destino inicial. Al margen de ese talento innato para este deporte, siempre recordaré aquella final de Copa de Europa que el Barça disputaba contra el Steaua de Bucarest en Sevilla. Todos daban favorito al equipo catalán. Era la temporada 85/86, y el Barça tenía la histórica oportunidad de conseguir su primer título. La presión les pudo, y perdieron en la tanda de penaltis al fallar cuatro, o mejor dicho, a pararlos el portero, de los cinco lanzados. Aquel descalabro sentó tan mal, que el jugador alemán ni esperó el final. Bajó a los vestuarios y se marchó sin esperar a sus compañeros. Otra decisión que descolocó a un vestuario profundamente herido.

Posteriormente R. Madrid y At. Madrid, disfrutaron de su fútbol, algo inédito. Un jugador que haya jugado en los tres grandes, desconozco y apelo a los expertos, si existe otro caso parecido. Sin duda ha sido uno de los grandes centrocampistas europeos de la historia, pero siempre fiel a su forma de ser. Al terminar su trayectoria como jugador, inició la de entrenador.

Tras entrenar en varios equipos con suerte dispar, recala en un Málaga que había hecho historia una temporada antes. Entrenar a un equipo con ese glorioso pasado reciente, no es nada fácil, y mucho menos si además, te desmantelan un equipo por razones económicas y de propia supervivencia del club, y afrontas una verdadera transición partiendo de una realidad complicada. Hay que tener valor para aceptar un reto de tamañas dimensiones.

El comienzo fue esperanzador, buenos resultados. Cuando en casa comenzaron los tropiezos frente a equipos que debieron ser superados, las dudas empezaron a sembrarse. Schuster pasó del elogio inicial a ser la diana donde apuntar toda serie de dardos, volviendo a surgir su particular personalidad: “Me sorprende que las críticas se centren en mí, y ninguna en los jugadores”, algo así manifestó en la soledad del entrenador. No son unas declaraciones que hagan precisamente vestuario, aunque las críticas siempre se ceben injustamente sobre la parte más débil, la del entrenador.

Ya saben aquello de, cuando un equipo gana, qué bueno son los jugadores, y cuando un equipo pierde, qué malo es el entrenador. Algo tan simple como injusto. Dicho eso, Schuster, no debería transmitir desencuentros con los suyos, pues son los que le van a ayudar a ganar partidos, y a poner al Málaga en un lugar, que por sus circunstancias actuales merezca, algo que está por ver. Un cabezazo de Weligton, salvó un match ball en el último suspiro de partido. Las críticas feroces antes de ese gol, se transformaron por arte de magia en parabienes. No lo tiene fácil Schuster al entrenar un equipo prácticamente nuevo, y tal vez limitado, pero no debería perderse en luchas internas. Lo que desconozco es, si su personalidad le ayudará.