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El microondas de Djukic está estropeado

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efe DjukicEl Valencia es un microondas: calienta, pero no cocina. En términos peloteros, toca y toca pero sin verticalidad. Rompe la lógica del fútbol. En la que se entiende que ataca el que tiene la pelota. Sus contrarios prefieren que tenga el balón. Saben que en algún momento fallarán un pase. Saben que entonces podrán contragolpear pillando en bragas a la defensa. Y es que el Valencia encaja goles con suma facilidad. ¿Pero si no tienen peligro en ataque, y en defensa es muy blanditos, cómo diantres gana? Bueno, pierden más que ganan. Y por eso Djukic ha sido despedido. En la rueda de prensa tras la destitución, entonó el mea culpa. Y tiene toda, pero toda, la razón.

Djukic se creyó que podía instaurar la filosofía de juego que le diera la gana. Él quería sorprender a la tan exigente afición che con un juego de posesión, paciencia y precisión cirujana. Y al final la paciencia la puso el aficionado: porque el Valencia por aburrir, aburría hasta a los centrales contrarios. El serbio desterró la opción del contragolpe en un equipo donde se encuentran velocistas como Piatti, Pabón o Bernat; grandes jugadores en el uno contra uno como Fede o Feghouli y buenos pasadores como Canales, Parejo o Banega. Los tres con grandes dosis de verticalidad pero con carencias corriendo hacia atrás.

Djukic se marcha del Valencia sin haber encontrado un once claro. Le costó más de diez jornadas repetir pareja de mediocentros. Cuando se casaron Javi Fuego y Banega, apareció Parejo. Y luego Oriol Romeu. Pero es que antes había coqueteado con Michel. Entonces puso a Banega de enganche. Canales a la banda. Que no, Canales al centro. Pabón a la derecha. Ahora no le gusta Pabón. Mete a Feghouli. Luego lo castiga. Pabón sal de nuevo porque Jonas tiene que ir en la punta. Lo siento, Postiga, ahora Alcacer es el titular. Piatti, búscate equipo. Bueno, mejor te pongo en el once. ¿Oye, y Fede?

El resultado es que los jugadores no saben ni a qué juegan, ni con quién juegan. Sólo saben que están en el mismo equipo porque llevan la misma camiseta. Pero no conocen sus movimientos y para que un juego de posesión funcione, debe ser ágil y dinámico. Y para que sea así, los movimientos y los pases deben jugarse de memoria. Si no, se corre el riesgo de que el juego sea lento y predecible o, peor aún, que te roben el balón.

Al Valencia le pillan con los laterales en posición ofensiva y con un solo medio de perfil más defensivo: ora Javi Fuego, ora Oriol Romeu. Ninguno de los dos caracterizado por cubrir grandes extensiones de terreno. Vamos, que las pasan canutas para cazar a los delanteros rápidos. Luego se encuentran con la pareja de centrales. Djukic sólo ha acertado en una cosa durante su estancia en Valencia: echar a Rami. Aunque fuera su mejor central. El respeto al entrenador es indispensable para la prosperidad de un grupo. Pero fue un sacrificio. Se quedó con tres centrales: Mathieu, que hace dos años era interior izquierdo; Víctor Ruiz, que ha bajado enormemente el nivel, y Ricardo Costa, el único que da la talla.

En los costados de la defensa también sintonizan otra comedia de situación, Djukic sienta al lateral derecho titular de la selección de Portugal y mete a Barragán, un jugador que necesita espacio (mucho espacio) para funcionar. Mientras tanto, en el otro costado prefiere reconvertir a Bernat, un joven extremo izquierdo, en lateral. Aunque la otra opción es Guardado, que también brilla más atacando que defendiendo.

Y con todo lo mal que lo ha hecho Djukic, el equipo va noveno. Podría ser peor. Y lo sería si no fuera por los buenos jugadores que tiene el Valencia. Les irá mejor con un entrenador que no se base sólo en la actuación del último partido para confeccionar el siguiente once titular. No digo que Djukic hiciese eso, pero sí lo parecía.