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Un imparable Atlético arrolla al Valencia

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canalesUna noche de frío y fútbol de esas en las que uno siente como su cara se vuelve tersa al contacto con el aire helado. De esas en las que la pierna se mueve sola y los dientes suenan como castañuelas. Una noche gélida como esa es la que 45.000 mil almas se disponían a pasar en el estadio Vicente Calderón. La bola echaba a rodar entre dos rivales que se tanteaban más empeñados en ocultar su debilidad que en buscar la del adversario. Los de Simeone tenían el control del esférico pero no encontraban la profundidad necesaria para echar abajo el entramado defensivo enarbolado por Djukic.

Empezaban a carburar los colchoneros pero no aparecían las ocasiones y los minutos transcurrían en una sucesión de fallos medulares y balones llovidos al área, de esos que tanto gustan a los defensas por no suponerles problema alguno. El encuentro se marchaba al descanso y los valientes aficionados rezaban por que en la segunda mitad el juego hiciera más llevadera la temperatura.

Segundo acto y los guerreros del Cholo parecían haber oído las plegarias de los suyos. Subieron su intensidad y la circulación de balón se hizo más rápida. El Valencia se agazapaba pasando el chaparrón como podía mientras esperaba la suya. Costa pudo demoler este planteamiento, nada más reanudarse el choque, pero Alves detuvo su disparo cruzado. Respondieron los ches con una rápida contra que hubiera muerto de no ser por que Canales mandó un zapatazo que finalmente se marchaba fuera de la portería de Courtois.

Arda ponía el “¡ui!” en las congeladas bocas rojiblancas reventar un rechace desde la frontal que lamía el travesaño de la meta visitantes. El Atlético no avisaría más. En una de las pocas ocasiones en las que los de Manzanares pillaron descolocados a los valencianistas llegó el primero. Costa recogía el balón en la banda izquierda y galopaba con la fuerza, velocidad y furia acostumbradas. Se colaba en el área y sin pensárselo golpeaba seco y abajo para poner el primero en el marcador y la sensación de que podía haber hecho algo más en la mente de Alves.

El tanto servía a los colchoneros para aturdir a su rival y la piedad no es una de las virtudes de los de Simeone. Solo dos minutos tardarían en asestar el segundo golpe. Esta vez sería Raúl García quien, aprovechando un rechace dentro del área, la empalaría con la zurda a bocajarro para subir el segundo al electrónico. Pudo llegar el tercero apenas un minuto después pero Alves ganó una guerra psicológica ante un rival que suele tener en ese terreno su baza. Costa fabricaba un penalti que el mismo se disponía a lanzar cuando el guardameta se la arrimaba y le susurraba: “te lo voy a parar”. Y así fue.

Lo que no sabía Alves es que poco después la pantera volvía a introducirse en el área con un elefante entra helechos hasta que uno de los vegetales lo empujó derribándolo y el trencilla señalaba pena máxima. No debe ser fácil fallar desde los once metros y justo después coger un balón para volver a efectuar el mismo lanzamiento. Debe ser mucha la rabia que se acumule en tu mente y mucha la personalidad que te haga patearlo con todas tus fuerzas para cerrar la boca a todos aquellos que se rieron minutos antes. Costa mostró eso exactamente para cerrar una nueva victoria de su equipo que se aferra al coliderato.