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Único de apariencia vulgar

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o_seleccion_espanola_raul_gonzalez_blanco-793298El Barca está de vuelta, y con él, la presión y el juego veloz y de toque, además de la punteríade sus atacantes. La fórmula mágica de éxitos pasados y recientes.El Camp Nou tiene en Neymar a su nuevo Messi. Así es el vaivén mediático y analítico en este país. Todo forma, nunca fondo. La realidad dice que el equipo va a más, pero lentamente, a la espera de su mejor versión con Leo a pleno rendimiento, junto a Valdés y Dani Alves. A través de esta singladura huérfana de varios de sus más insignes bastiones, se aprecia un grupo que se muestra inconsistente, incapaz de sostener los bandazos de un partido sin patrón fijo, ni de mantener un alto nivel prolongadamente (nadie dijo que fuera fácil). Son en esos momentos de endeblez donde los rivales inciden y por momentos desarbolan a los azulgranas. En ello trabaja el Tata, pero lo dicho, la evolución es lenta. Veremos si para febrero que llega el City se han tapado estas preocupantes fugas de atención, físico y reacción.

Porque Europa ha deparado unos octavos con honores de semifinal al menos. Un equipazo en toda regla, que viendo el demoledor ataque que posee (a base de un talonario sin fin), amenaza la inestable retaguardia culé. A día de hoy, a juicio de un servidor, los citizens son favoritos. Pero este Barca tiene crédito de sobra. Con Messi a su nivel, la eliminatoria va a ser legendaria.

Hablando de la Champions, una leyenda de esta competición, su máximo goleador histórico, ha saltadode nuevo a la palestra informativa a propósito del emparejamiento Shalke 04-Real Madrid: Raúl González Blanco. Los dos clubes europeos en los que ha militado el que otrora fuera el7 de España medirán sus potenciales en un cruce que será plácido para los de Concha Espina, muy superiores individual y colectivamente. La reflexión que me deja el duelo es que ya no hay jugadores como Raúl, para desánimo del futbolista clásico, menos físico y desarrollado, pero igual de técnico y, sobre todo, más inteligente sobre el césped. Ahí es donde el madrileño es único, el mejor sin duda. Listo en el área pero superlativo fuera de ella, sabiendo en cada instante lo que su equipo demanda, atisbando las carencias y solucionándolas si está en su mano. Porque en Raúl habitan varios perfiles, véase el de delantero goleador que lo encumbró o el de media-punta asistente al servicio de otro ariete donde ejerció los últimos años en el Madrid, pero también el de centrocampista organizador, haciendo jugar a su equipo cuando escasea el fútbol de creación. Y todo sin inmutarse, sin tenerle que decirle nadie, ni siquiera el entrenador, qué rol debe asumir. Él ya lo sabe bien porque lee los partidos antes que cualquier otro.

A colación de la próxima entrega del Balón de Oro (chapuza sin igual este año, todo sea dicho), uno echa en falta algo de Raúl en los finalistas. Los tres súperclases, prodigios técnicos, dos de ellos especialmente, con marcas goleadores de otro siglo, pero ninguno con la cabeza y la inteligencia del español. Paradójica y negligentemente (personalísima visión) nunca fue reconocido Raúl con este dichoso pero deseado galardón individual, a pesar de sus tres Copas de Europa y su brillante trayectoria repleta de títulos. Injusticiaamarga para nuestro fútbol. Quién sabe, puede que fuera porque ese talento innato para este deporte reposa en una apariencia sencilla, vulgar, sin grandes alardes. Nunca ser alguien normal penó tanto a la hora de premiar la valía de uno. Aunque ese uno fuera único en lo suyo.