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Un canterano ejemplar

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mario martosLa salida de Mario Martos duele a todo aquel que lo haya visto crecer. No hace demasiado, podíamos verle entrenar y jugar en el Sebastián Barajas -cuna de la cantera jienense- o junto a sus amigos en las gradas de El Madrigal animando al equipo de su corazón, persiguiendo, en cualquier caso, un sueño que tan pronto se alejaba como rozaba la realidad . Y es que hubo un tiempo en que anduvo más fuera que dentro del club. Pero aunque no todo fueron luces en su meteórico ascenso hasta la primera plantilla, logró finalmente hacer cumbre y debutó con la camiseta de su Real Jaén. El llanto roto de este chico en los brazos de su madre fue, sin duda, una de las imágenes del ansiado ascenso a Segunda División. Y es que, si te sacrificas, si los persigues con toda tu alma y sin hacer daño a nadie, a veces los sueños se hacen realidad.

En cuestión de cuatro años, este canterano pasó de las gradas al césped hasta el punto de alcanzar la titularidad indiscutible durante el último Play Off. Pero el fútbol, poco dado al ejercicio de la memoria, le dejó este verano con la miel en los labios al conocer que tendría ficha del filial para la aventura en la Liga Adelante. Así es la ley de este deporte, fascinante e ingrato al mismo tiempo. La llegada de refuerzos -necesarios- le relegó nuevamente al banquillo y ahí ha estado sobreviviendo, cogiendo minutos de aquí y de allá, saboreando la gloria de la Segunda División y de la Copa del Rey. Que no es poco, ojo.

Ahora saldrá cedido al Almería B en busca de nuevas oportunidades y su marcha, decía, resulta dolorosa para quienes conocen la historia de un chaval que siempre afrontó su destino con una sonrisa agradecida. Pero lo cierto es que Mario necesita jugar para seguir alimentando a ese futbolista descarado y talentoso que lleva dentro. La joya de la cantera se marcha con el cariño de cientos de mensajes que han inundado las redes sociales y sin saber si volverá a vestirse de blanco, pues la opción de compra que el Almería tiene sobre el jugador no arroja demasiada luz a su futuro. En cualquier caso, pase lo que pase, esperaremos en casa con los brazos abiertos a este canterano ejemplar destinado a triunfar, más tarde o más temprano, en el club de su vida. Rendirse no es una opción. Nunca lo ha sido.