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Charles acaba con las vacaciones

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Cuando te vas de viaje, sueles pensar que disfrutarás al máximo todo esos días. También suele pasar que al tercer día, de tanto ir y venir, estás tan cansado que, o bien no disfrutas, o bien decides quedarte en el hotel. Eso fue lo que le pasó a este Valencia de Pizzi. El cambio de entrenador fue como unas vacaciones para los jugadores del Valencia: se esforzaron al máximo los dos primeros partidos. Sin embargo, al tercer día las piernas no hicieron caso a la cabeza que les decía que debían llegar a ese balón o tirar aquel desmarque.

En realidad, el físico aguantó la primera parte, aunque no fue el conjunto incisivo de días atrás sí controló el partido y el balón. Obligaron al Celta, equipo amante de la pelota, a correr detrás de ella. Si perdían la posesión, el Valencia presionaba muy arriba y volvía a recuperarla. Así llegó el gol. Parejo robó el esférico, jugó rápido para Jonas que la abrió a Feghouli. El argelino la centró al punto exacto por donde el propio Parejo pasaba como un tráiler libre de marca.  La única mala noticia che fue la lesión de Mathieu. Que no es poca.

En el segundo tiempo, el Valencia quiso dormir  el partido y acabó durmiéndose él. Dejó jugar al Celta, que suele sufrir cuando no le dan esa oportunidad. Rafinha rompió por banda derecha y colocó un pase aéreo entre las espaldas de los dos centrales. Ricardo Costa bailó el lago de los cisnes y se comió el balón. Charles sólo necesitó control y tiro, como manda el manual del fútbol, para marcar.

 El Celta es un equipo que juega con esmoquin. Sin ensuciarse. Jugadas trenzadas al primer toque que descolocaban una vez sí y otra también a una defensa che en cuadros por las bajas y el cansancio. A la lesión de Mathieu se le unió la de Ricardo Costa. Romeu acabó jugando como defensa junto a Víctor Ruíz mientras Guardado ocupaba la medular. Pizzi se dio cuenta de que debía haberse quedado esa tarde en el hotel, reculó demasiado y Luís Enrique tocó la corneta de caza.

El cansancio es gran amigo de los fallos. Siempre van de la mano. El Valencia no ha pasado página en ese aspecto y la pareja de mediocentros no ayudan a mejorarlo. En esta ocasión, las cámaras de los resúmenes no se centrarán en un regalo de Romeu o Parejo, sino de Guardado, mediocentro eventual. El mexicano regaló el balón, con lazo incluido, a Charles. El brasileño superó a Romeu con facilidad y fusiló a Alves para conseguir el definitivo 2-1 en el marcador. Romeu, ya juegue de central o mediocentro, es un cordero entre tierra de lobos. Con el balón es un tío confiado mientras que sin él es bonachón. Carece de contundencia en el corte y de picardía en la dejada.

En los últimos minutos, un fantasma de Canales mandó al limbo el que podría haber sido el gol del empate. Charles conjuró lo que fue la primera derrota de la era Pizzi y dio un soplo de aire fresco a Vigo, que sienten el calor del infierno con el vello erizado.