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Jesús Navas y la figura del extremo en el fútbol británico

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  • El extremo español Jesús Navas voló este verano hasta el Reino Unido para jugar en la Premier League inglesa.
  • Sus regates y carreras fulgurantes por la banda derecha nos llevan a sumergirnos en la historia de la mítica figura de los ‘wingers’ en la tierra que vio nacer el fútbol.

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La imagen del futbolista que corre la banda con el balón pegado a la bota y lanza un centro milimétrico a la cabeza del delantero centro, que ataca con voracidad el área rival, hace mucho que quedó diluida. A los atacantes cada vez en mayor medida se les exige jugar de espaldas a la portería, participando de la acción en el centro y tres cuartos de campo. A los extremos puros se les ha obligado a realizar una reconversión forzosa, por lo que su función primigenia está en vías de extinción.

Los requerimientos del fútbol actual no han dejado de variar con el paso de las décadas, y la diversificación de las tareas del futbolista sobre el terreno de juego es inevitable. La proyección del extremo en el fútbol actual tiende más hacia el centro del campo que hacia la banda, y de ahí esa hornada de futbolistas que parten de inicio cambiados de su costado ‘natural’. En el cénit de esta evolución posicional destaca el nombre de Cristiano Ronaldo, que representa la multidisciplinariedad exigida en la actualidad.

stanley-matthewsSin embargo, la línea de cal que delimita el campo de fondo a fondo en los laterales siempre ha ejercido una extraña fascinación para los aficionados, al menos en las islas británicas. El ‘winger’ clásico era la figura que modificaba y variaba el signo de los partidos. Por la velocidad, explosividad, capacidad de regate o todo en uno.

A ello ha de sumarse el efecto que produce contemplar a ese tipo de jugador en primer plano, a escasos metros de los graderíos. Sin televisión o resúmenes con mil planos de cada jugada, la imagen de ese a menudo bajito y escuálido futbolista que corría sobre césped embarrado para asistir a su compañero atacante debía quedar grabada a fuego en los hinchas que iban al campo. La experiencia más cercana al fútbol de competición que se podía contemplar.

 Nacidos para marcar la diferencia

Quizás por ello fueron extremos algunos de los jugadores que en mayor medida quedaron en el imaginario colectivo de este deporte. En Stoke-on-Trent y Blackpool un nombre destaca muy por encima del resto, Stanley Matthews (Hanley, 1915). Su carrera, dividida casi por completo entre los clubes de las dos ciudades, le llevó a ser galardonado con el primer balón de oro de la historia. La carrera de infografajn2finalMatthews, mil y una veces narrada, sigue desprendiendo ese halo mítico que señala lo extraordinario, que marca la diferencia.

De la misma forma que el jugador inglés y treinta años después de su debut, fue al norte de la isla donde un nuevo talento despuntó. En el año ’61 Matthews, que destacó además por su increíble longevidad como jugador profesional, regresaba a Stoke para seguir jugando en la Second Division. Su forma de jugar era conocida por todo el país, por lo que no extraña que los niños intentasen imitarlo.

Uno de ellos fue Jimmy Johnstone (Viewpark, South Lanarkshire, 1944), reconocido admirador de Matthews y reclutado por el Celtic de Glasgow en ese simbólico año 1961. De forma simultánea al ocaso de la carrera del extremo inglés fueron despuntando las actuaciones del aún desconocido Johnstone. El pelirrojo escocés representaba por su constitución física y cualidades el perfecto arquetipo del ‘winger’ o extremo. Partiendo desde la banda derecha se convirtió en el mejor jugador de la historia del Celtic.

El punto álgido de su carrera llegó en 1967, cuando llevó a su equipo a la final de la Copa de Europa, ganada en Lisboa al Inter de Milán de Helenio Herrera, el hasta entonces mejor equipo del momento. Era la primera vez que un equipo británico se alzaba como campeón continental. Meses después, en el partido homenaje a Alfredo Di Stefano en el Santiago Bernabéu, el Celtic asistió como equipo invitado y ‘Jinky’ –como ya se le conocía- arruinó la noche al Real Madrid con sus quiebros.

Reconversión obligatoria

Las imágenes de Johnstone driblando y dejando atrás oponentes, siempre cerca de la banda, son imborrables para los aficionados escoceses al fútbol. Y de la misma forma ocurre en el resto de la isla con tantos otros jugadores que despuntaron con su juego incisivo por los flancos de ataque de sus equipos, de Brighton a Inverness, pasando por Nottingham o Norwich.

El paso de las décadas y la evolución del juego limitó progresivamente el papel hegemónico del extremo como jugador de banda indiscutible, aunque las explosiones de talento nunca han dejado Celtic Jimmy Johnstonede sucederse. El juego de banda que termina una y otra vez en centro al corazón del área en ocasiones se ha catalogado como anacrónico, pues la sucesión de movimientos no ha variado con el paso del tiempo, ya sea por su efectividad o por la necesidad innata de aprovechar esas jugadas explosivas a la hora de desbaratar entramados defensivos.

Pero lo cierto es que las tendencias de las décadas recientes han forzado en mayor o menor medida un paso al segundo plano de los extremos ‘puros’ o una reconversión de su función.  El 4-2-3-1 que parece imponerse en la actualidad ejemplifica la necesidad de una doble proyección, sumando a esa posición natural en banda una constante necesidad de presencia en zonas interiores del campo. Es ahí donde el arquetipo inamovible de extremo clásico necesita reinventarse.

El desarrollo del fútbol actual ha hecho difícilmente posible que se sostenga esa posición primigenia, delimitada a una zona y a funciones muy concretas dentro del juego. El Cristiano Ronaldo del Manchester United es buena muestra de este cambio. El luso, bajo las órdenes de Alex Ferguson, era la punta de diamante que culminaba un engranaje erigido para aprovechar espacios y rematar a la contra. No necesitaba más para ser un ‘winger’ extraordinario. Con el paso de los años, Ronaldo sigue partiendo como extremo en el Real Madrid pero su influencia va mucho más allá, hasta llegar a condicionar el ataque de todo su equipo. Su demarcación es sólo el punto de partida, pues su juego se desborda más allá de lo establecido.

Atracción por la línea de cal

Aún así, jugadores como el portugués son pieza de coleccionista, ya que difícilmente volverá e explotar un futbolista total como él. Y, en añadido, tener al alcance piezas de esa polivalencia sólo está en manos de los equipos que pelean por los títulos nacionales y batallan en Europa.EFE Navas Cesc Fábregas Liga de Campeones Manchester City Barcelona

Quizás por ello, cuando en las gradas comienza a sonar el runrún de una nueva perla que destaca sobremanera en los partidos que disputan los equipos filiales de la cantera, la memoria vuela evocando viejas tardes de éxitos de la mano de jugadores excepcionales. Fuera del radio de los grandes clubes el recuerdo suele tener más de ficción que de realidad, pero basta para esperar con impaciencia el día en el que la promesa debute.

En el Reino Unido la figura del extremo, de forma inevitable, sigue atrayendo la mirada de los aficionados. Es probable que esa predilección sea innata tras décadas de carreras fulgurantes, aunque ahora intenten esconder con cierto reparo su ADN mientras observan la hornada de jugadores de todo el planeta que llegan a sus competiciones con un saco de nuevos repertorios en la maleta.

El puente aéreo iniciado con los futbolistas españoles es buen ejemplo de ello, a los que se mima esperando que demuestren su magia y cumplan con el tópico del tiki-taka. Sin embargo, cada ‘x’ tiempo en la Premier League el guión de un partido salta por los aires y la grada recupera ese frenesí que parecía perdido mientras los dos equipos se lanzan de área a área al son de cargas de caballería.

En esos momentos el extremo puro recupera su razón de ser. La afición lo sabe y, aunque ahora estén metros más alejados de la acción y obligados a lidiar con un asiento de plástico que dificulta el mantenerse en pie en la tribuna, sólo tienen ojos para aquellos capaces de ejecutar rápido, para los que sirven el balón al delantero y rompen al defensor rival.

Lo cierto es que en el Championship y resto de divisiones inferiores este proceder nunca ha llegado a perderse. Y en el primer escalón del fútbol inglés, a pesar de los impedimentos, tampoco. Quizás por ello el Manchester City fichó a Jesús Navas, dotando así a su plantilla de una figura con trazas clásicas que se venía desempeñando en el fútbol y selección española.

infografajn1finalEl equipo de la mitad azul de Manchester cuenta con un vestuario con talento para dominar la liga inglesa sin dificultad, pero una y otra vez se atrancan en partidos de aparente fácil resolución sin ninguna explicación. En esas situaciones, abrir el juego y dejar que el esférico corra es una vía de escape inteligente.

En cuanto a intercambio de golpes es el mejor equipo inglés del momento, y ahí la función del ex sevillista Navas cobra todo el sentido. Como referencia arriba, además, cuenta entre otros con su compañero Álvaro Negredo, por lo que de inicio partió contando ya con una sintonía en su conexión construida años atrás. La exigencia para la plantilla ‘citizen’ es absoluta, y ello ha convertido también al equipo en una máquina de devorar jugadores que prometían, como en el caso de Adam Johnson en demarcación similar a la de Navas. Pero el extremo español ha sabido salvar su bola de partido.

Sus doce asistencias y cinco goles en lo que va de temporada justifican su labor ofensiva de forma explícita, aunque es su perfil futbolístico lo que consigue evocar al pasado a una afición que tiene puesta todo su ilusión en un futuro prometedor. El ‘winger’ inglés más puro representado en la figura de un sevillano de Los Palacios, bajo los focos del Etihad Stadium. Perfecto paradigma de un fútbol que avanza con paso firme de la mano del ‘beautiful business’ pero que no quiere olvidar de dónde viene. El extremo inglés aún no ha muerto.

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