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Torres, desde las tripas

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torres arqueroLo mejor sería huir de tópicos y de lugares comunes pero el fútbol, grande por muchas cosas, es menor por ese vicio que reduce, condiciona y da por seguras cosas sin base alguna o con la única base de un deseo o una intuición.

Torres ha vuelto y, sin ponerse las botas, ya lo han crucificado desde dentro y desde fuera del Atlético de Madrid: fútbol. Personalmente siempre he sido un admirador de Torres. Un admirador, no un ciego que siempre lo ha visto bien. Ha tenido sus momentos brillantes y épocas en las que todos añoramos al jugador que sabemos que es. Sin embargo, ahora que regresa al fútbol español, lo único que siento es alegría y mucha curiosidad por ver si en su casa, con su público y con un entrenador que confía en él, volvemos a verle proyectado en su verdadera magnitud.

Eso está por venir, de momento, creo que es un exceso calificar la operación de ruina, de “palo de ciego” o simplemente de error. Fernando Torres tiene valor como para, al menos, concederle el beneficio de la duda. Resulta curioso que, quizás, los golpes más fuertes vengan de seguidores atléticos. Eso tiene que ver más con la piel del forofo que con el análisis razonable. El fútbol ampara estos desahogos y si resultan errados, también a sus autores, echando una capa de olvido sobre las palabras gratuitas. Hay miles de ejemplos.

Espero con impaciencia que ruede el balón y que Torres tenga ocasión de responder en el campo. No sé qué pasará pero, un jugador como este, merece el respeto de mirarlo con atención y luego, cuando el fútbol escriba su crónica, hacer juicios nacidos de la razón y la evidencia y no como estos que suenan ahora, directamente desde la tripas.