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Último grito en decadencia

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Opinión| Manuel Arenas.- El desánimo no imperaba y todavía venían bien dadas. La consecución del Mundialito en diciembre acreditaba al equipo, y a priori el nuevo año no era sino la excusa para seguir en la senda correcta. El R. Madrid ilusionaba a sus aficionados.

El 2015 no empezaba con buen pie. Derrota en Mestalla –Liga-, y en el Calderón –Copa-. A pesar de ello, no se atisbaba imposibilidad copera, sino todo lo contrario: dos goles en la ida no parecían óbice suficiente para desganarCristiano de antemano la escalada blanca hasta la cumbre del éxito en todas las competiciones. Pero lo fueron.

Curiosamente, tres días antes de la eliminación en Copa ante el Atleti, se vivió una de las escenas que más se recordarán en la historia del Balón de Oro. En la Gala de entrega, a Cristiano no se le ocurrió nada más fascinante que agredir verbalmente al espectador con tan esperpéntico grito. «Vergonzoso», decían unos. «Lo hace porque es el mejor jugador del mundo y puede hacerlo», justificaban otros. Incluso, hubo quiénes se atrevieron a asegurar que la causa del despropósito era la grabación de una película en la que Cristiano participaba. Nunca supe qué era peor.

Salvo por las risotadas provocadas por el sobresalto de Blatter y la cara de Henry, todo fue tristeza en la actuación de Cristiano. Por el bien de su salud mental, ojalá todo hubiera acabado ahí. Desde entonces, no hay campo por el que pase como visitante y en el que no le recuerden la onomatopeya más parodiada de los últimos tiempos. Todos empezaron a imitar su grito…pero contra él. Una herramienta –el grito, si es que puede llamarse así- que él mismo había utilizado para expresar su júbilo, como máxima expresión de su hegemonía, ahora le volvía rebotada, como si de un boomerang venenoso se tratara; ahora era un recurso que pretendía su decadencia.  Le llegó el abucheo en el Calderón, en el Coliseum y en El Arcángel, donde el portugués explotó. Patadita, a la calle, y dos partidos de sanción.

Hoy ¿reaparecía? ante el Atleti. Soy consciente de la dudosa afirmación, pero en la previa se decía que iba a estar. El Calderón no perdona, y cada vez que Cristiano tocaba el balón, volvían los abucheos para emular la patochada de la Gala del Balón de Oro 2014. Fuera del partido. Desaparecido. Missing, que diría Roncero sobre Messi.

El R. Madrid sigue líder, pero con una decadencia en los últimos partidos comparable a la de su estrella. Parece que ambas van a la par. Desde su grito, Ronaldo no levanta cabeza. Casualidad o consecuencia, el portugués deberá asumir tarde o temprano sus errores y volver a ser el astro de siempre. Este Cristiano jugó, rio y gritó, pero al tercer día –ni al cuarto- no resucitó. Desde el grito de la decadencia le queda pendiente.