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Barça B 1-2 Betis: Los verdiblancos mantienen la tensión competitiva

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El Real Betis Balompié ha derrotado (1-2) al FC Barcelona B en la trigésimo tercera jornada de la Liga Adelante. Los goles de Dani Ceballos y Jorge Molina permitieron a los verdiblancos sobreponerse al batacazo inicial de Sandro para seguir ocupando con puño de hierro la primera plaza en la clasificación.

Jorge Molina BetisPara el Betis, el partido disputado en el Mini Estadi se presentó en forma de entrenamiento de dificultad por lo pautado de su argumento. Inicio con gol en contra del que sobreponerse, etapa de control de la situación, periodo de recuperación y remontada, y manejo de la ventaja hasta el pitido final.

Fase tras fase y sobre el terreno de juego, con la sombra del Camp Nou al fondo, el planteamiento fue cumpliéndose según el esquema; y los jugadores, cual peones, completaron con presteza lo establecido.

Llegó a los dos minutos el tempranero gol de Sandro Ramírez, tras desasosiego en el área de Antonio Adán, provocado por el único puntal peligroso de los locales. Adama, con su imponente zancada revestida de potencia, rompió a la zaga bética en adelanto de lo que intentaría una y otra vez.

Sin embargo, el resto de la compañía azulgrana se mostró a años luz de su punta de lanza y se limitaron a dejarlo a su suerte provisto de pan y agua. Fue un alivio para el Betis, pues una vez marcado con una cruz el dorsal peligroso, el destacamento ofensivo verdiblanco comenzó a hilar juego y a encerrar al Barça B. Los mozos catalanes, apiñados alrededor de su portería, harán soñar pesadillas a los puristas culés de la Dictadura del toque.

Dani Ceballos BetisA los dieciocho minutos soltó Dani Ceballos un chutazo desde la frontal cargado de dureza. El cuero impactó con la madera del poste antes de traspasar la línea de gol y el canterano celebró con rabia y pasión ante un graderío propio del Benito Villamarín.

Tardó la afición en volver a celebrar, pero cuando lo hizo el estadio de pruebas no era ya sino una recreación a escala del coliseo sevillano. De nuevo Jorge Molina, insuflado de confianza, mandó a gol en un abrir y cerrar de ojos un balón centrado por Molinero y peinado por Rubén Castro.

El ariete alcoyano, resucitado para la causa desde la segunda venida de Pepe Mel, volvió a ser el cazagoles necesario para aprovechar la influencia que en el área provoca Castro. Con la pareja ofensiva en estado de gracia, sus compañeros crecen sobre el campo destacando por la firmeza de sus pasos.

Y ello fue lo requerido para templar los últimos compases a orillas del Mediterráneo. Ante un equipo de jóvenes en formación salidos de los laboratorios mágicos de la Masia, la madurez de los que luchan por el ascenso y que día a día cargan con el peso de la zamarra de las Trece Barras delimita una diferencia insalvable. La que hay, precisamente, entre el primer y el último clasificado de la Segunda División.

* Imagenes: lfp.es