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El vuelo mágico de un Sevilla campeón

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Sevilla-FC-campeon-de-la-UEFA-Europa-League-2014-2015-330x270José Manuel García-Otero.- Querido padre, te escribo esta carta para compartir contigo estos momentos dulces del Sevilla, nuestro Sevilla, ese equipo que tú me arrimaste un día a la cuna y cuyos colores me enseñaste a amar, como aman los niños su primera canción o la mirada de plomo de mi primer soldado. Porque este Sevilla, papá, ha vuelto a encaramarse en la cumbre más alta de Europa y ha ondeado con gallardía su rojiblanca bandera, mientras Chopin y sus paisanos de Varsovia, guardaban un silencio de Catedral para escuchar lo que decía El Arrebato, palabras que anidan en nuestros rojos corazones, dibujan garabatos de sueños y hablan del orgullo de nuestro equipo.

Aún cierro los ojos y te veo: grandote, con la sonrisa tranquila, trazando monigotes de humo del habano, empujando con el cuello cada jugada de nuestro equipo, gritando un gol en lo bajito, porque a ti, padre, nunca te gustó llamar la atención y siempre respetaste al rival, aunque ese rival fuese el Betis o el Barcelona, o el Real Madrid, pues tú, siempre blanco y palangana, admirabas el pundonor de Di Stéfano y su toque mágico, que más que un pase a la línea parecía el quejío profundo de un bandoneón.

Pero sentí cómo me presionabas el costado con tu codo para que admirase la voracidad sabia del polaco Krychowiak, las carreras interminables de Aleix Vidal, ese alfeñique zanquilargo que duerme corriendo, los trazos de relojero de Reyes o Banega, que parecen hermanos, aunque uno nació en la misma calle que el Turronero y el otro en Rosario (Argentina). Reyes y Banega jugaron de rojo pero juraría que lo hicieron con smoking. Y arriba, como un arponero, Carlitos Bacca, el cacique de Barranquilla, que hizo dos goles mirándote a los ojos, porque miraba a los cielos, padre.

Confieso que mis ojos quedaron húmedos y no por la caló, sino por los recuerdos, porque este Sevilla me sabe a ti, papá, a Campanal, a Raimundo, a Juanito Arza, a Berrocal, a Ruiz Sosa, a toda esa gente que estaría el miércoles saltando de puro alborozo porque este Sevilla remontó de nuevo las cumbres y llegó más lejos que nadie.

Miles de sevillistas pusieron Varsovia patas arriba y esa noche y las noches siguientes tiñeron de rojiblanco el Guadalquivir y las paredes de Andalucía. Hasta los romeros se vistieron de rojo y la diosa del mar de la Puerta Jerez cambió su sonrisa de piedra y gritó un “viva el Sevilla” tan hondo que me pareció una bulería de Camarón.

Yo me sentí me sentí orgulloso de amar cada día más a este equipo, de sentir por las venas el rojiblanco de sus colores y tengo que decirte que no sé fue en mis oídos o en mi alma, pero resoplan como la brisa del mar las palabras que un día me dijiste y que Javier Labandón escribió en tu memoria: “Dicen que nunca se rinde”. Y es rotundamente cierto. El Sevilla, tan nuestro y de mucha gente, es otra vez campeón y vuela a tu lado, papá, con su corazón tan grande.

@butacondelgarci