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La Selección de Chile y el jugador monoestilo

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auno303738Manuel Luis Ruiz Morales.- Hace una semana se proclamaba Campeón de la Copa América 2015 el combinado nacional chileno, tras superar a Argentina en la tanda de penales, tras un partido que lejos de lo esperado, estuvo más o menos controlado por “la Roja” (americana). En la Finalísima, Chile evitó que Argentina dispusiera de los espacios necesarios en su juego, y asfixió la zona de creación albiceleste, primordialmente tapando siempre a Leo Messi, no dejando que recibiera el cuero en zonas peligrosas, y cuando así era, intentando torpedearlo de la forma que fuera menester. Ello se tradujo en una escasez de ocasiones de gol notable, disponiendo la selección del “Tata Martino” sólo de una chance de formar el contragolpe en todo el partido, y en esa oportunidad Gonzalo Higuaín pudo decantar la competición para el lado oriental de la Cordillera de Los Andes.

Sin embargo, el seleccionado dirigido por Jorge Sampaoli no era a priori ni de lejos la gran favorita, aunque eso sí, ostentaba la condición de anfitrión, lo que le podía brindar un plus adicional a una de las mejores generaciones de jugadores que ha dado el país más largo (y estrecho) de todo el orbe, ante un campeonato que nunca habían logrado.

Mas a pesar de todo, el equipo de Chile no contaba con el mejor plantel de los que disputarían el título, ya que existían una serie de debilidades manifiestas con las que tendría que lidiar, siendo la principal de todas ellas, la de que el combinado chileno contaba con un solo perfil de jugador, futbolistas todos monoestilo, aunque con pequeñas divergencias, pero no obstante, de un parecido tremendo, independientemente de la zona del campo en la que se desenvolviera.

En primer lugar, se debe indicar que desde la llegada de Marcelo Bielsa al banquillo de esta selección, el equipo se caracterizó por cerrar bien las líneas, por su juego aguerrido, con mucho empuje, y con un alto despliegue físico en el terreno de juego. El posterior y actual seleccionador, también argentino, Jorge Sampaoli, continuó la senda del “Loco”, convirtiendo al equipo capitaneado por Claudio Bravo en una escuadra difícil de doblegar.

Por ello, a diferencia de lo que marca la Teoría de la Organización sobre los equipos y sobre el desempeño de los mismos (en virtud de la cual es favorable que el Equipo se forme por un grupo de personas diversas y multidisciplinares que deben coordinarse para conseguir un objetivo común), la “Roja” andina ha logrado aunar jugadores que aunque poseen un similar corte, se desarrollan con una gran polivalencia, siendo sacrificados en el esfuerzo para alzarse con su objetivo común, esto es, con la Copa América 2015.

A mayor abundamiento, se debe comentar que el seleccionado de Chile ha potenciado al máximo sus fortalezas, esto es, no permitir el despliegue técnico del rival, haciendo hincapié en la interrupción de la jugada si fuera necesario no permitiendo que la posición de los jugadores se desarbole. Y por otro lado, ha minimizado sus debilidades, cual es la estructura física del jugador chileno, que es fuerte, con potencia, curtido, pero con escasa estatura, con el menoscabo que puede suponer en las posiciones de defensa central o pivote, y el hándicap que implica en las jugadas a balón parado. No obstante, estas circunstancias no han sido óbice para mencionada selección, ya que para contener esta situación, ha conseguido no cometer demasiadas faltas al borde del área, ni ceder demasiados saques de esquina.

Para analizar esta circunstancia minuciosamente, se puede estudiar someramente la alineación presentada en casi todos los partidos del torneo, ya que la distribución de los mismos fue bastante similar.

Empezando desde la defensa, se debe comentar que “Don Sampa” ha optado por retrasar a unos buenos mediocentros defensivos hasta la posición de central, como ocurre con el ex sevillista Gary Medel y con Francisco “el Gato” Silva, puesto que el perfil de jugador que más abunda en esta selección es la de centrocampista de destrucción.

Respecto de los laterales, se ha retrasado la posición del volante izquierdo, incluso a veces extremo por la banda siniestra, Jean Beausejour, hasta el lateral zurdo, junto con el lateral derecho “juventino” Mauricio Isla. Así se terminó de conformar una defensa portentosa en el corte y en el cuerpo a cuerpo, más con jugadores de medio campo “destructivos” que propiamente zagueros.

El medio del campo es el lugar donde “el Hombrecito” (como también se le conoce a Sampaoli) se hallaba con menos problemas, puesto que Chile es una de las cunas de jugadores específicos para tal posición, ahora bien, más desde la óptica de la contención que de la creación, salvo excepción alguna. Pues en esta tesitura, y ante la menesterosidad de su equipo, el director técnico chileno optó por poblar el centro de la cancha con cuatro jugadores, que incluso cuando no tenía el cuero, podía llegar a seis (más los dos atacantes), instaurando un sistema defensivo en el que en un ataque rival estático, Chile situaba a todos los futbolistas por detrás del esférico.

Los cuatro mediocampistas, normalmente han sido: Marcelo Díaz (un lateral derecho reconvertido a volante defensivo por el propio Jorge Sampaoli cuando lo entrenaba en Universidad de Chile), Charles Aranguíz (jugador que nunca salió de Latinoamérica, pero que además de brío aporta un buen toque de balón), un Arturo Vidal (de los más conocidos en Europa) tirado algo más a la derecha, y por delante del doble pivote, ofreciendo potencia y rápida salida de balón con criterio, ya que el juego del combinado nacional se caracteriza por ser rápido tras el robo e incluso por la activación tras la pérdida, valores que encarna en su ADN el de la Juventus; y por último, Jorge Valdivia (el jugador más talentoso del conjunto, siendo la conexión insoslayable con la delantera, además de ser el encargado de pausar el partido, algo que se echa en falta en este seleccionado) algo tirado a la izquierda.

Por último, nos encontramos con dos delanteros, que más bien son extremos que delanteros puros (Chile no cuenta con un “9” goleador tipo Iván Luis Zamorano, que fije a los centrales rivales, lo que provoca a su vez cierto desconcierto en la zaga contraria), ya que son más jugadores de despliegue, presión, velocidad y profundidad, más que jugadores de gol. Éstos son Eduardo Vargas y Alexis Sánchez. Han aportado cierta incomodidad a la retaguardia rival por su rapidez y regate en velocidad, y fundamentalmente el sacrificio en labores de presión y de defensa bajando si es necesario hasta el propio área.

Todo ello, ha posibilitado que Chile, sin ser la mejor selección participante en la competición, sea la que se haya alzado con la Copa, aún adoleciendo del obstáculo de ostentar jugadores extremadamente parecidos en la corpulencia física y las características técnicas, pero disfrutando de una polivalencia y de una generosidad en la abnegación para conseguir el objetivo común, en lugar de la gloria individual.