Inicio 1ª División Sevilla 1-2 Celta: Un tornado en Nervión

Sevilla 1-2 Celta: Un tornado en Nervión

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El Sevilla FC ha caído (1-2) ante el Real Club Celta de Vigo en la cuarta jornada de Liga BBVA. Los sevillistas, muy aletargados, firmaron un partido pobre y siguen sin conocer la victoria en el campeonato liguero.

EFE Celta victoria celebraciónUna exhibición. Es lo que completó el Celta en el Ramón Sánchez Pizjuán aprovechando cada una de las grietas con las que el Sevilla saltó al césped. Los visitantes salieron valientes, ágiles, precisos y rapidísimos; los locales, por el contrario, lo hicieron a medio gas, desubicados y carentes de mordiente. Consumida la media hora de juego sólo existía un equipo en Nervión.

La compañía de Eduardo Berizzo robó el timón y metrónomo a los centrocampistas del Sevilla, encajonó a su rival cuando perdió el balón y atacó por todo el frente de ataque gracias a la lucidez de Nolito, Fabián Orellana y Daniel Wass. Los goles llegaron inexorablemente, pues el juego fluía una y otra vez hasta quedar la acción a dos palmos del guardameta Sergio Rico.

Abrió el marcador Nolito, principal quebradero de cabeza para la zaga nervionense, tras fintar en el costado derecho del área y disparar con maldad apuntando al palo corto. Se trató de la confirmación para los celestes de que remaban en la dirección correcta. Sin gol no existe castillo de naipes válido, en contra del nuevo pensamiento extendido por ciertos popes. El Celta lo entendió así y no dejó de cabalgar hacia los dominios de Kolo y Andreolli, quedando ambos abocados a sufrir.

La fuerza del tornado comenzó a cesar cuando los gallegos doblaron la ventaja en el luminoso y se sintieron seguros. Fue el danés Daniel Wass, henchido de confianza, quien chutó con el alma tras una asistencia desde la línea de fondo de Hugo Mallo. Lo que atronó entonces no fue sino el descontento de la remozada grada del Pizjuán.

El Sevilla, acostumbrado a devolver los golpes recibidos con el doble de intensidad, caminaba apesadumbrado y descosido. Sin la fuerza motriz que mueve al equipo de Unai Emery, los mecanismos quedan reducidos a chatarra espacial. El vasco debió tenerlo claro y acertó sacando al campo al ariete Fernando Llorente, que rugió como hacía bajo el arco blanco de San Mamés y espoleó a los suyos hasta que la gasolina aguantó.

Fueron quince minutos en los que el equipo se movió guiado únicamente por el corazón. Vio puerta en boca de gol el propio Llorente, quien más se había creído su propia arenga, y por momentos pareció que su equipo conseguiría levantarse de la lona. Se trató de un espejismo.

Gracias al ímpetu de Augusto Fernández y del recién ingresado Radoja volvió la acción al círculo central, respiró la frágil defensa celeste y el Sevilla chocó de bruces con la realidad. Su depósito estaba agotado, la afición había perdido la fe y el Celta volvía a esconder el cuero. Hincaron la rodilla los de Emery, acostumbrados a no rendirse, y aceptaron su destino: capitularon; el Rey estaba en el Norte.

Por Fernando Alcalá-Zamora | En Twitter: @nothingswritten