Inicio 1ª División Sporting 1-2 Betis: Un genio en El Molinón

Sporting 1-2 Betis: Un genio en El Molinón

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El Real Betis Balompié ha derrotado (1-2) al Real Sporting de Gijón en la sexta jornada de la Liga BBVA. El gol inicial de Carlos Castro fue remontado en la segunda mitad gracias al acierto de Joaquín y Rubén Castro.

EFE Joaquín Betis Sporting GijonEn El Molinón el Betis hizo durante la primera parte ejercicios de funámbulo, sobre el campo y en la clasificación liguera. Los cinco puntos cosechados, valioso tesoro, empezaron a empolvarse y a sonar vetustos. La cita ante el Deportivo de la Coruña parecía el momento indicado para relanzar al equipo pero entonces llegó el naufragio. En Gijón, los primeros 45 minutos proyectaron de nuevo a un Betis apático.

Enfrente, los verdiblancos encontraron al mismo grupo de chavales de corazón gigante, al que se había unido una excentricidad lejana, Alen Halilovic. El conjunto de Abelardo peleó cada balón y se los llevó todos, pues su motor y carburante es el hambre. Su inició eléctrico sólo lo frenó Antonio Adán, inconmensurable entre los palos durante los noventa minutos.

Se le escapó no obstante Carlos Castro en el mejor momento de los locales. Halilovic entró como un puñal por la frontal del área, cedió el cuero al también jovencísimo Castro y éste giró sobre si mismo para dejar fuera de combate a Heiko Westermann y chutar a gol en un abrir y cerrar de ojos. El Sporting siguió creciendo; el Betis se mantuvo dormido.

En las entrañas del feudo asturiano debió ocurrir algo en el intermedio, posiblemente con la voz de Pepe Mel de por medio. Los suyos, tras la reanudación, salieron con brillo en los ojos, empujaron levemente como no lo habían hecho hasta entonces, y sus piezas de brillantes reaparecieron de la nada.

Un robo de balón a la altura de la zaga rojiblanca fue suficiente. Álvaro Cejudo aceptó el regalo, centró y Rubén Castro conectó con el cuero en el área. Sería gol, aunque firmado por Joaquin, quien no desaprovechó la cesión de cabeza del menudo delantero. Era lo que necesitaba el Betis: recordar el ritmo que le hace fuerte. Ya no lo volvió a perder.

La presión sobre los jugadores locales aumentó, los fallos asturianos se multiplicaron y los de Mel se hicieron con el partido definitivamente. Diez minutos habían pasado desde la asistencia de gol de Rubén Castro cuando Adán lanzó un pelotazo a campo contrario. Corrió Castro a la guerra como si disputando el Mundial de Rugby estuviese, olió sangre con un fallo defensivo en el despeje y sentenció la contienda recordando su estatus.

No pensó más de lo necesario, apenas los dos segundos que tardó en llegar a la altura del esférico. A treinta metros del arco y ligeramente escorado chutó con el alma y con poderío. El guardameta sólo pudo ser un figurante. Voló el balón teledirigido a la escuadra y el genio canario sonrió. Los tres puntos eran suyos; lo sabían sobre el césped y en la grada, y el partido se apagó.

Por Fernando Alcalá-Zamora | En Twitter: @NothingsWritten