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Barcelona: arietes sin licencia

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Sandro y Munir 2

La situación difiere un mundo de no hace mucho. Los hechos no engañan. Pero los mismos, en su extensión, figuraban ya como un escenario previsible dentro del esbozo de la temporada que se obró en verano. Dicho esto, nadie en el club tomó en serio el desencanto de Pedro con sus circunstancias deportivas. Y entonces, la contingencia de su marcha, presupuesta en el peor de los casos, expuso al equipo a una apuesta arriesgada pero que el cuadro técnico siempre contempló: Munir y Sandro a la palestra. Dos realidades para afrontar el año más complicado. Nunca más promesas.

Con tan sólo un puñado de minutos a sus espaldas en el curso del triplete, el canario y el madrileño se han visto en una inopinada tesitura que impresiona, pero que no deja de ser el sueño de todo canterano. La ausencia de Leo Messi, y en menor medida de Rafinha, les abre las puertas de todos los encuentros. Ahí está su momento para afianzarse o, por el contrario, certificar su salida de la entidad azulgrana más pronto que tarde si desean tener continuidad. No todo el mundo es Sergi Roberto, quien ha aguantado (el club y él, a partes iguales) tres largas temporadas para ser reconocido por compañeros, prensa y afición como un futbolista de peso.

El reto, no obstante, lleva adherido una presión descomunal. Ser delantero en una gran institución exige una fuerte mentalidad. Son los que, generalmente, ganan y pierden los partidos. Y claro está, han de marcar goles. Tras siete jornadas de competición, los de Luis Enrique sólo llevan convertidos 12 tantos. Cifra mediocre para el campeón de Europa. Ni Munir ni Sandro se han estrenado hasta ahora. Ocasiones se les presentan, confianza la reciben, pero el infortunio parece perseguirles. A veces eso, a veces malas decisiones. Sea como fuere, no marcan. Y son el tercer y cuarto ariete de la plantilla. He aquí un problema.

Rachas, argumentan. Podría ser. Aunque el análisis de sus minutos radiografían otras conclusiones. Ninguno de los dos tiene el talento de Pedro, quien en su primera campaña jugando con asiduidad anotó 12 tantos a las órdenes de Guardiola. Buenos futbolistas sin embargo, augurarles un prometedor futuro en la institución sería una osadía.

Ofrecen perfiles diferentes. Sandro tiene más lo portería como referencia, a diferencia de Munir, que pretende por su juego encarar y asistir (suertes, todo hay que decirlo, en las que apenas tiene éxito hasta ahora). El de El Escorial desprende la incómoda sensación de que nunca va a marcar, causa de la desconfianza o de unas condiciones estándar. Debería ser cuestión de tiempo, en cambio, que Sandro se estrenase. Asoma su fuerte disparo a menudo, y ataca el espacio con bastante criterio. Pero los palos parecen cebados con su empeño. El equipo comienza a necesitar la aportación cuantitativa de sus goles. Y estos no llegan.

Parecen no tener licencia para marcar, y sin ella, uno no vive de la profesión de delantero. Y menos en un grande. No vale únicamente con actitud y esfuerzo, y tanto Sandro como Munir ya no comparecen en escena como invitados.