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Betis 0-2 Sevilla: Un ogro en el Villamarín

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El Real Betis Balompié ha caído (0-2) ante el Sevilla Fútbol Club en el partido de ida de los octavos de final de la Copa del Rey. Krohn-Dehli y Krychowiak, ambos secundados por la zaga verdiblanca, dieron la ventaja a unos visitantes superiores durante los noventa minutos.

sevilla_betis_Al Benito Villamarín acudió el Sevilla pisando sobre seguro; el estadio no era un problema. Este Sevilla del siglo XXI, repleto de engranajes de ingeniería alemana, descubrió hace una década la fórmula para competir en eliminatorias a doble parte y desde entonces no ha hecho sino perfeccionar sus habilidades. El partido de Copa del Rey, ante un Betis voluble, fue un caramelo para los de Unai Emery.

Los verdiblancos saltaron al campo sin Antonio Adán, Rubén Castro y Dani Ceballos. Cabizbajos y atenazados, sucumbieron ante la nube de recuerdos negativos que el equipo de Pepe Mel tiene sobre sí. El 0-4 ante el Eibar aún retumbaba en Heliópolis.

Enfrente el Sevilla, con mapa y botas de montaña, no tardó en hacerse con la batuta y movió rápido el balón para deshilachar la tímida línea de presión de los locales. A los quince minutos de juego Michael KrohnDehli comprobó que sus rivales eran molinos; no gigantes. Desde tres cuartos de campo pudo avanzar con el balón en los pies, sin oposición, ante internarse en el área y plantarse frente a Dani Giménez. A su alrededor, Piccini, Pezzella y N’Diaye miraban sin actuar hasta que el gol del danés les sacudió.

Pasado el descanso y en un balón inofensivo, la defensa bética volvería a repetir su modus operandi hasta que el Sevilla acertó a rematar de nuevo a gol. Nadie despejó el cuero sin dueño que se paseaba a un metro de la línea de cal, llegó Gregor Krychowiak con su porte imponente y éste resolvió el trámite sin pestañear.

Entre tanto el Betis se afanó en sacar a relucir una andrajosa bandera blanca que sus rivales prefirieron no ver. En el choque liguero los de Mel pusieron el corazón -aunque nada más- y consiguieron salvar el empate a nada. Esta vez, ya sin plan, esperanza o corazón, los verdiblancos quedaron a la deriva y esperando a que la tormenta no arreciase.

Únicamente apretó el Sevilla a veinte minutos de la conclusión. En tres ocasiones pudieron sentenciar la contienda pero apareció Giménez para rescatar una pizca de orgullo local. Y para entonces la tropa de Emery, sabiéndose dominadora de la situación y superior en todos los frentes, alzó su escudo de protección para que nada más ocurriera.

Sólo Dani Ceballos, el último talismán diferencial del Betis, consiguió cavar hasta provocar un penalti de Kolo. Pero ni así, con un golpe franco desde once metros, consiguieron los locales disparar entre los tres palos. 180 minutos de fútbol sin que Sergio Rico tuviese que evitar un gol en el derbi.

Mientras la mitad el estadio pedía la dimisión de su entrenador y la otra mitad silbaba el cántico, el Sevilla volvió a dejar encaminada con pulcritud una nueva eliminatoria de competición copera. No lo pareció, pero el choque seguía siendo un derbi sevillano.

Por Fernando Alcalá-Zamora. | En twitter: @NothingsWritten