Inicio 1ª División El Madrid de Zidane y su visita al Villamarín

El Madrid de Zidane y su visita al Villamarín

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El domingo por la noche, a eso de las 21h, seguía haciendo calor en el Benito Villamarín. No tanto por seguir ubicado en Sevilla sino por las piezas desparramadas sobre el césped. El rearmado Betis de Merino a un lado, el hipnotizante Madrid de Zidane al otro.

Zinedine ZidaneLa grada, completa, llevaba enchufada horas. Álvaro Cejudo se limitó a estar en el momento justo y en el lugar exacto para firmar el gol de su vida antes de que la parroquia congregada tomase asiento. Con su golazo por la escuadra, nadie pensó ya en acomodarse. Gran parte de la culpa la tuvo el Madrid, sospechoso habitual.

Los blancos no están ya para jugar a fútbol sino para mantener cohesionada a España en torno a un rival común. La caravana merengue recorre altiva el país, acepta los abucheos y de vez en cuando realiza un truco de magia fascinante que no hace sino redoblar los silbidos. Es el trabajo que han aceptado honrosamente como carga a costa de tanto ganar.

Ahora, con la segunda venida de Zinedine Zidane, se escruta con temor y atracción la línea de banda. Cada cinco minutos recibe Ronaldo su dosis de escarnio público: la grada disfruta, el portugués se mantiene en tensión y el intercambio de sentimientos recíprocos entretiene el partido. Pero las miradas vuelven al banquillo. Sí, Merino se desgañita para contagiar a los suyos, pero a su lado está el protagonista. El genio francés, trajeado e impoluto, atiende impertérrito. Incluso el bético sigue confiando en que salte a jugar un rato; la figura del entrenador-jugador, rescatada por Ryan Giggs para el fútbol de alcurnia, está para ver al ‘5’ de nuevo.

Pero no sucede y entre tanto el Betis sigue remando. N’Diaye, Fabián y Petros revolotean sin cesar, con su machete en la mano, para mantener el verde controlado. Sólo Modric y Benzema consiguen sacar la cabeza ante un equipo verdiblanco adulto, y ambos lo hacen porque juegan con el mapa en la cabeza. Tienen el don.

También sobresale Adán, que con una mano detiene y con la otra se encarga de saludar a los que le enseñaron el currículum del Santo cuando osó ponerse bajo palos en la capital. Una y otra vez aparece mientras la grada lo lleva en volandas. Está para sacarlo en procesión.

El Betis se mira al espejo y se ve rejuvenecido de improvisto. Al Madrid, otro Real en la capital andaluza, se le atisba el potencial pero las cadenas siguen estrangulándolo. Es 24 de enero y Rubén Castro a punto está de alejar los focos de Zidane. Tiene la sentencia para los blancos y sin embargo el balón se marcha lejos de la meta de Keylor Navas.

Y ahí redescubre el Betis su potencial mientras el Madrid, en tierra de nadie, sigue preguntándose si está para ganar.

Por Fernando Alcalá-Zamora | En twitter: @FAlcalaZamora