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Del Bosque: las palabras de Pedro, los silencios de Casillas

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CASILLAS EXTERIORCasillas es leyenda. No está bien afear y hacer pública su rabieta cuando, como a tantos, le ha tocado estar en segundo plano. Está blindado.  Eso es lo que parece. Explicar que “jodió la marrana” y trató de que el molino técnico no girara con tranquilidad y buen ritmo, por lo visto, es un atentado contra el buen gusto. Sin embargo la actitud del capitán sembrando, de puertas para adentro, distancias y silencios envenenados entre él y sus jefes inmediatos, es una cosilla sin importancia. Nada que merezca se revelado, una nimiedad. Del Bosque debía haber callado, tragado y permitido que se entronizara la imagen inmaculada y solidaria de un futbolista que, con mando y jerarquía en la Selección, dinamitó sus relaciones con el cuerpo técnico y creó un problema innecesario.

Casillas es una leyenda y no se puede tocar a las leyendas. Por lo visto Del Bosque solo es un buen hombre que ha tenido la suerte de que, en la tómbola del fútbol, le hayan tocado un puñado de títulos como jugador y luego como entrenador. Los más grandes por cierto.  Es curioso como unos nacen con estrella y otros, a decir de los entendidos, solo con una flor donde la espalda pierde su casto nombre. Sin otro mérito.

Denunciar la conducta impropia de un capitán en mitad de la batalla, es más grave que esa conducta torcida y desleal. No se trataba de un soldado, era el capitán. Ahora empiezo a entender la tranquilidad de Del Bosque ante las palabras de Pedrito. Las palabras se escuchan, se interpretan, se debaten y se aclaran. Lo peor son los silencios corrosivos. Pedro habló. Inoportuno pero leal y de frente. Casillas no abrió la boca y horadó la calma necesaria para convivir. La paz era una de sus responsabilidades. No cumplió. Nada me gustaría más que unas palabras de Casillas explicando lo que ahora me parece inexplicable. Si me dan a elegir prefiero al señor “suertudo” que lo ha ganado todo en el fútbol, antes que a esa leyenda intocable que muerde con la boca cerrada y que, por lo visto, solo está si el balón le viene de cara.