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Goles por inercia ante el débil Legia de Varsovia

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Festín goleador del Real Madrid en casa ante un combativo Legia de Varsovia (5 – 1). El equipo polaco, probablemente el más flojo de toda la competición, se mostró valiente en el Bernabeu, y pese a caer goleado, atacó bastante, y pudo hacer un gol en su estreno continental en un gran estadio. Gareth Bale, Marcelo, Asensio, Lucas Vázquez y Morata marcaron los tantos del equipo local, cuyo papel defensivo dejo mucho que desear.

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Había más miedo en la capital a los destrozos de algunos energúmenos polacos llegados a Madrid, que al papel positivo que pudiese desempeñar el Legia de Varsovia en su primera visita al Santiago Bernabeu en Liga de Campeones. Los incidentes acaecidos en las horas previas, y la fama malévola de la ruidosa afición -ya sancionada en la presente edición por lanzar gas pimienta a los policías en su propio campo- llenó el estadio de miembros de seguridad. Ya en el campo, no pararon de animar durante todo el partido.

Tras la exhibición en Heliópolis, Zidane dejó en el banco a Isco. Fue el suplente más destacado, junto a Carvajal, ya que la alineación del francés estaba plagada de titulares. Arriba, la todopoderosa delantera, sin rotaciones. Y la vuelta a la Champions de Marcelo. Todo parecía preparado para la enésima fiesta de Cristiano Ronaldo ante equipos flojos, un déjà vu del partido ante el Malmoe de la temporada pasada. Pero no fue así.

El portugués fue en primero en avisar a un acertado Malarz, con un disparo que se fue a córner por poco. Dos minutos después sería Gareth Bale, el mejor de los tres atacantes -como viene siendo costumbre esta temporada- el que pudo inaugurar el luminoso. Si bien, el primer gran aviso lo dieron los visitantes. Odjidja mandó el esférico al palo tras una gran jugada de Guillerme, que mareó a Marcelo y dejó el balón atrás a su compañero. Primer gran susto. La ocasión llegó tras una pérdida tonta en el medio del campo de Toni Kroos, cuya desconcentración fue mayúscula en algunos tramos del encuentro. Es raro ver despistes como estos en una maquinaria tan bien diseñada como representa el juego de Kroos, pero lo cierto que no fue una gran noche para él.

Aún así, y dada la debilidad atrás del Legia, se veía que los goles iban a tardar poco en caer. El primero fue de Gareth Bale, quien solo tuvo que encarar a Hlousek por su banda y ajustar el disparo para anotar el 1-0.  Ni cuatro minutos después, Marcelo puso el segundo tras un pase de Benzema, con un tiro raso y muy afortunado, ya que dio en los pies de Jodlowiec, despistando así al meta. Un comienzo esperado. Y cuando el público del Bernabeu hacía cábalas para ver en qué minuto caía el tercero, Danilo cometió un penalty. El serbio Miroslav Radovic, punta de los visitantes, se encargó de transformarlo. Y aquí empezaron los tímidos pitos al lateral brasileño del Real Madrid. En la noche de hoy, ante un flojo rival, ha vuelto a demostrar su paupérrimo nivel desde que viste la camiseta blanca. Es recordar la noche de Wolfburgo, y al aficionado blanco se le vienen los sudores fríos. La suerte es que en esa banda está Carvajal, con el que las mocitas madrileñas seguirán alegres y risueñas viendo la banda derecha durante bastantes años, dada la juventud del canterano blanco.

Los siguientes minutos sirvieron para afianzar la sensación de debilidad de la zaga blanca. Centrales dubitativos y laterales claramente superados, con un balance defensivo deficiente, que provocó que el Legia de Varsovia tuviese diversas contras con la que generar peligro. Solo la menor calidad de los polacos evitó males mayores.

El gol de la tranquilidad llegó en el minuto 36. Una jugada trenzada entre Bale, Danilo y Cristiano, le llegó al punto de penalty a Marco Asensio, que hizo el 3-1. Segundo tanto del mallorquín en Europa, tras su bellísimo golpeo en Trondheim, y primero en la competición. Gran acierto el de Zidane, pues es vital que la perla cuente con minutos.

La segunda mitad no tuvo historia. Y no la tuvo, por culpa de un hecho que Zidane haría bien en estirpar de la mente de sus pupilos. Todos los jugadores del Real Madrid se dedicaron, con una insistencia que ya rallaba lo desesperante, en buscar a Cristiano Ronaldo para que este consiguiese su gol. Como cuando un monarca se va de caza y la cuadrilla le pone la presa en bandeja para que pueda conseguir su objetivo, pero con la diferencia de que el portugués, por más pases que recibió, no consiguió atinar. Disparos errados. Y eso que estuvo a punto en el minuto 87, pero Malarz desbarató la ocasión con una gran parada.

De hecho, los dos tantos anotados por el Real Madrid en la segunda parte fueron de dos jugadores que salieron desde el banquillo, hambrientos por hacerse merecer con más minutos, y no tan ensimismados en el fin común: el gol de Cristiano. Lucas Vázquez primero, y Morata después -este último a pase de Cristiano-, pusieron el definitivo 5-1. Y, mientras tanto, entre ocasión y ocasión marrada por el luso, el respetable asistió al festival de aspavientos de su jugador fetiche. Aunque, para su suerte, consigue encadenar dos partidos consecutivos en el Bernabeu sin intentar una chilena fallida. Lo cierto es que, tanto el luso como el resto de sus compañeros, juega peor cuanto más es buscado. El juego ha de ser fluido, y es ahí, en ese contexto, cuando se ve al mejor Cristiano Ronaldo.

Poco más destacable de un partido que no pasara a los anales del balompié. Muy positivo para la confianza de Morata fueron sus minutos en el terreno, pues además del gol, corrió como el que más, y estuvo muy acertado en la presión, lo que le valió numerosos aplausos. También se vio sobre el terreno de juego un buen James Rodríguez. Es vital recuperar al jugador de cara a los partidos importantes de la temporada. Y, por parte visitante, volarán a Polonia con la sensación de haber mostrado sus credenciales y con el trabajo bien hecho. Y, por supuesto, con un premio en forma de gol.