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Marcelo, la alegría

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CAM00162-1 (2)El fútbol tiene lecturas para todo tiempo. Es capaz de ser palanca para lo mejor y, demasiadas veces, excusa para lo peor. Personalmente entiendo el fútbol como una herramienta para la alegría. Si no es así, este deporte tendría menos sentido. Esta es una de las razones por las que considero que Marcelo es uno de los jugadores más valiosos del Real Madrid y de la Liga. Hay dos niveles. Se juega para el equipo y se obedecen las indicaciones del entrenador y, por otra parte, esto se interpreta según la forma de entender y de vivir el fútbol. Marcelo, para mí, representa la alegría. Interpreta el fútbol como una fiesta, con reglas, pero como una fiesta.

Tiene etiqueta de defensa pero, seguramente, es cualquier cosa menos un defensa. Es un buen jugador, muy bueno. Juega en esa posición, como podría jugar de centrocampista o de atacante claro. Jugar es lo que le gusta y tiene una cultura infantil aprendida, que lo facilita. Marcelo, por la banda, es un defensa pulcro, con ciertas desaplicaciones pero, desde medio campo hacia adelante, se convierte en extremo/interior/delantero. Tres en uno. Eso es lo objetivo, lo que todo el mundo ve. Esa es la letra de Marcelo. Sin embargo lo que valoro de este jugador de fútbol es la desdramatización de los corsés tácticos de un partido, la forma de interpretar la música del fútbol. Su concepto de fiesta del fútbol no está contrapuesto con el respeto a lo colectivo. Es singular y al tiempo suma para el grupo.

El Real Madrid tiene en Marcelo la versión elástica de Roberto Carlos. Roberto era un tanque que sabía racionalizar sus recursos y explotar sus virtudes. Talento recio. Historia ya del Real Madrid. Marcelo, vocación de atacante, tiene la capacidad de hacer cosas que no pertenecen a un campo de fútbol: “yo vengo del fútbol sala”. Me lo explica, pero no hace falta. Los giros en el pico del área, los recortes, las pisadas de balón ante la mirada expectante del colega oponente, lo retratan como un jugador de pista. El césped vino después.

Cuando el Real Madrid se atasca por el centro es curioso cómo, desde la banda, emerge el descarado Marcelo y traza por ahí las líneas que sirven como hoja de ruta para el equipo. Sube por la banda, bascula al centro, pisa el área, enseñan el balón, lo esconde y, por fin, tira o concede un paso que sirve para que alguien incremente su cuenta de goles.

Escribo sobre Marcelo y tiene poco que ver con su condición de titular del Real Madrid. Se trata de una reflexión sobre la interpretación más fiel del fútbol tal y como yo lo entiendo. Se trata de un trovador de las virtudes más nobles, divertidas y eficaces de la pelota. El balón y Marcelo hablan el mismo lenguaje y eso ayuda, mucho.

Este duende alegre, cuando interpreta las órdenes de Zindane, está contribuyendo a la fiesta del fútbol. A los seguidores del Real Madrid, quizás, les gustaría un Marcelo más pegado a sus labores defensivas pero, a los hechos me remito, es capaz de hacer bien lo que se espera de él, inventa cosas que tienen que ver con otros menesteres. Construye desde un costado y contribuye a que, cuando toma el balón,…siempre esperemos algo. Eso es magia, diversión y alegría. Gracias Marcelo.