Inicio 1ª División El Sevilla y el espejismo de La Castellana

El Sevilla y el espejismo de La Castellana

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La derrota es algo para lo que nadie está preparado o no suficientemente preparado. El partido del Real Madrid y el Sevilla FC, primera entrega de una aliminatoria copera de rango altísimo, ha ido contra todos los pronósticos. Los entendidos, en fútbol casi todos, apuntaban a un resultado muy ajustado con sufrimiento del Real Madrid. Los valores del rival y las bajas del equipo de Zidane apuntaban a eso. Luego, como suele ocurrir, viene el balón y lo dibuja a su manera. En cualquier caso el partido, con tener un resultado claro, ha traido mil versiones. Para el sevillismo su equipo no jugó bien pero el culpable de que la eliminatoria se haya comprometido hasta el punto de lo imposible, fue el árbitro. El madridismo coincide en que se trató de un baño en toda regla que deja la eliminatoria sin historia para la vuelta: fútbol.

El Sevilla llegó a Madrid con la seña de identidad de un equipo con valores sólidos y con una personalidad futbolística que a los de Zidane les iba a costar doblegar. Había un alto nivel de optimismo en la afición del Sevilla FC. No era extraño que, después de haber cuajado un rutilante comienzo de temporada, se abrazara la idea de que había llegado el momento de dar un golpe en el Bernabéu. Había fundadas razones para creerlo. Sin embargo, se confirma, al fútbol se juega casi siempre con los piés pero donde está, realmente, es en la cabeza. Al Sevilla le pasó algo en la cabeza y el panel de órdenes se bloqueó. Lo que era equilibrio se convirtió en descompensación. La intesidad en desaplicación; las oportunidades en ausencia casi total de ellas y la fe en desconfianza y apocamiento. Un disparate.

Resultaba dificil entender qué le estaba pasando al Sevilla frente a un Real Madrid fluido y capaz que, contra todos los pronósticos, no se acordó de nadie que no estuviera en el campo. Reconozco que pensé que solo se trataba de una imagen transitoria y que, más pronto que tarde, el Sevilla iba a emerger. No lo hizo. Encajó un primer gol inapelable. James refundado y hablando donde habla un futbolista. Luego un segundo tanto, ahora Varane, inapelable por las facilidades y por la ejecución. Ahí el Sevilla comenzó a mirar al árbitro por una jugada previa y comenzó a buscar una excusa. Craso error. Después, el error arbitral del penalti que colocaba el tercero del Madrid y que abría una brecha sensible. Creí, cándido otra vez, que tras el descanso el Sevilla se iba a rearmar y, borrando lo mal jugado, saldría a marcar su gol y a jugar un partido nuevo. No fue así, fue peor. El Real Madrid ya solo jugó a dejar pasar el tiempo. El Sevilla, el equipo que debiera haber salido a jugar la segunda parte, como si fuera una final de cuarenta y cinco minutos, se limitó a ver como los de casa regulaban el ritmo y dormían en balón. Si el conjunto de Zidane hubiera necesitado dos goles más, seguramente, los hubiera marcado. Quise ver al Sevilla esperanzador que he visto en otros partidos pero ese equipo no estuvo en Madrid. Para entender este encuentro habría que meterse en la mente de los jugadores sevillistas y ver qué se cortocircuitó allí. A partir de ahí también se puede acudir a la teoría de la conspiración. Yo prefiero seguir buscando a ese Sevilla que sé que existe y que ha hecho ya grandes cosas esta liga. Sampaoli y los suyos tienen muchas virtudes y sería injusto, por este espejismo en La Castellana, que naciera esa duda que en noches como la de ayer suele crecer en Nervión. No hay motivo.