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Mi perro se llama Messi

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Daniel Mata.- Seguramente, cuando Isco Alarcón Suárez decidió llamar a su labrador ‘Messi’, no imaginó que acabaría jugando en el Real Madrid, y que unos años después, ante la falta de fútbol, se encontraría en la tesitura de marcharse al eterno rival. Lo cierto es que lo que un día fue una simple anécdota perruna ha desencadenado un culebrón de primavera. ¿Estaremos ante un nuevo caso Figo, a la inversa? Esperemos que no, por el bien de jugador y equipo. El jugador, por lo pronto, lo ha negado.

Isco se ha fijado el Mundial de Rusia 2018 como su gran objetivo, y está claro que de seguir vistiendo el blanco tendrá un poco más complicado estar entre los elegidos por Lopetegui. El banquillo se ha convertido en su zona de confort, y con 24 primaveras a sus espaldas, el del Arroyo de la Miel quiere despegar en otra plaza. Pero, ¿será en el Barça? De todos es sabido la sintonía que el malagueño tiene hacia el azul y grana, pero los tiempos de Laudrup, Schuster y los cochinillos a pie de campo han pasado a mejor vida. Es cierto que el aficionado del Barça se frotaría las manos si pudiera birlarle al Madrid a una de sus perlas incomprendidas. Pero imagino que Isco no es tonto. E imagino que el Madrid, en el caso de no venderlo a final de la presente temporada, no le concederá al malagueño un año lleno de oportunidades antes de atravesar las puertas del Camp Nou.

Isco, pese a su pasado “antimadridista”, se decantó por el blanco tras brillar con el Málaga. Ahora, a poco más de un año de finalizar su contrato con el Madrid tiene dos opciones (las más sabias): Acallar su sentimiento culé y esperar una improbable renovación, o esperar un nuevo renacer lejos del Bernabéu. Sin escala en Barcelona, claro.