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Rivalidad bajo el marco: ¿Ciencia ficción?

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Ismael Almazán.- El fútbol es un deporte que juegan once contra once y cada jugador, dependiendo del puesto o demarcación que ocupe, desempeña unas funciones. Las del guardameta son más complejas de lo que parecen. Es el primer atacante y el último defensor, es la base de la seguridad del equipo y el origen de una defensa bien ordenada. Sus actuaciones son de suma importancia y, a veces, tiene que jugarse el tipo.

Siempre se ha dicho que “el portero tiene que estar un poco loco”. Estoy de acuerdo con esa expresión si ese estado se refiere a ser: valiente, ágil, decidido, rápido, atento,… Pueden pasar 15 minutos sin tocar bola y de repente intervenir con extrema exigencia y con la máxima responsabilidad. ¡Son de una pasta especial!

Si las cosas van bien pasan inadvertidos, pero son señalados con el dedo acusador si cometen algún error que, normalmente pasaría más desapercibido en compañeros de campo. Es una posición muy especial y poco apreciada.

El guardameta es un jugador importantísimo en un equipo, con una especialización tan grande, que lo hace único. Sin embargo, hasta hace poco no eran atendidos en los entrenamientos de acuerdo a su importancia. Pocas sesiones específicas se dedicaban a estos auténticos jabatos, y si hablamos en la formación, esta dedicación era prácticamente nula. Poco a poco han ido adquiriendo protagonismo con la aparición de esos entrenadores especializados que le ayudan en su formación y progresión.  ¡Empiezan a recibir la atención que se merecen!

Otro capítulo aparte e injusto, bajo mi punto de vista, viene dado por la distinta vara de medir los méritos de unos y otros. Salvo grandes figuras y en contadas ocasiones, no suelen acaparar premios que le distingan como el mejor de una competición o de su equipo. Solo se le galardona con distinciones exclusivas de su demarcación. Desde 1956, en que el guardameta ruso Lev Yashin recibió el primer Balón de Oro otorgado a un portero, no le ha sido concedido a ningún otro cancerbero.

De por sí el portero, ya lo dice el reglamento, debe vestir de manera distinta al resto de compañeros y puede tocar el balón en su propia área sin ser penalizado. Esta regla ha sido modificada varias veces en las últimas temporadas y han dado lugar a otro modelo de guardameta.

Dicen que estos cambios son para su protección y para el bien del espectáculo. De un portero que tan solo tenía que parar con sus manos y sacar de volea, porque de meta ya lo hacia el forzudo central, se ha pasado a un arquetipo de guardameta que jugará en muchos casos adelantado y participando con el pie como un jugador más. Estoy completamente seguro que grandes cancerberos de la historia del fútbol nacional o internacional, hoy en día no jugarían. Estudios recientes aseguran que más del 60% de las intervenciones del cancerbero son con los pies. El cambio no ha sido nada fácil pero como se dijo de los dinosaurios: ”o evolucionas y te adaptas,  o mueres” 

Si con lo que hemos comentado no es suficiente para ver la realidad, no sé si injusta pero al menos distinta con respecto a sus compañeros, choca con otra norma del reglamento: “es obligatorio jugar siempre con portero y sólo puede hacerlo uno al mismo tiempo”.  En muchas ocasiones, bien por lesión o expulsión del cancerbero y tras haber realizado todos los cambios en el encuentro, ha tenido que ocupar esa demarcación un jugador de campo.

El caso más sonado lo encontramos en un partido que disputó la Selección Española en las Olimpiadas de Amberes frente a Italia. Zamora fue expulsado a quince minutos del final y, dado que por entonces el reglamento no contemplaba los cambios, el extremo y jugador de campo Izaguirre, tuvo que defender la portería. En caso contrario, parece más normal esa adaptación, quizás por aquello que sus intervenciones se ven algo tapadas y responsabilizadas por los 9 compañeros restantes de campo. Recuerdo al guardameta del Real Jaén, Marco a mediados de los 70 cuando actuó de delantero centro en el Molinón frente al Sporting de Gijón o recientemente a Molina en la Selección Española.

Quizás, lo peor de la demarcación de un portero no sea competir con un compañero, algo sano y bueno, sino saber que tan solo uno puede jugar al mismo tiempo. Los jugadores de campo pueden adaptarse, reconvertirse a otras posiciones, sin embargo, bajo los palos solo puede haber uno. Recuerdo en el Mundial 82 celebrado en España, el por entonces seleccionador español José Emilio Santamaría, ante dos laterales izquierdos extraordinarios, Gordillo y Camacho, como adaptó a este último al lateral derecho. En los porteros no es posible. La norma es extremadamente clara y sencilla: uno es titular y otro suplente con la total imposibilidad de que ambos jueguen a la vez bajo el marco. Cuando en un equipo se encontraban dos buenos porteros, esa lucha por conseguir un puesto, se hacía espectacular.

Rivalidades de leyenda

Me gusta mucho la historia del fútbol y hablar de ella me encantan. Voy a comentar dos situaciones de rivalidad por un puesto bajo los palos vividos en los años 70  que ha quedado como auténticos ejemplos a seguir para la historia futbolística.

El primero de ellos lo encontramos en el Real Madrid de los años 70. Allí coincidieron dos extraordinarios guardametas: Miguel Ángel y García Remón.  Ambos internacionales y bien parecidos hasta en lo del bigote. Mantuvieron una pugna por conseguir la titularidad del marco madridista que ha quedado en la memoria del buen aficionado al fútbol y grabada para la historia de nuestra Liga. Tanto es así que crearon una corriente en pro de cada uno de ellos. Aunque los números se decantan más en favor de Miguel Ángel es justo decir que estuvo en la entidad de Concha Espina más tiempo y que García Remón sufrió más lesiones.

Ambos llegan por caminos distintos; García Remón vía categorías inferiores y cesiones al Talavera y Oviedo;  Miguel Ángel por fichaje de la A. D. Couto y cesión al Castellón. El madrileño jugó siempre al fútbol, el gallego se inició en balonmano hasta edad juvenil. Mariano estuvo 15 años en el club, hasta los 35 años jugando 177 partidos en 1ª División  y ganando 6 ligas y 4 Copas, fue 2 veces internacional.  Miguel Ángel perteneció a la entidad blanca durante 18 temporadas, hasta los 38 años y disputó 246 encuentros,  ganando 8 Ligas y 5 Copas, fue  18 veces internacional. Ninguno de ellos consiguió la Copa de Europa.

En la retina  queda la gran parada de Miguel Ángel en el mundial de Argentina ante Austria y, en la memoria, porque no fue televisado, el gran encuentro de Copa de Europa ante el Dimamo de Kiev de García Remón que le supuso el sobrenombre del “Gato de Odesa”

El segundo ejemplo de rivalidad la encuentro en el equipo rival. La batallaron Reina y Sadurní. ¿Pero cómo podían permitirse un club, por grande que sea, tener en sus filas dos guardametas  de la talla de estos? En ocasiones, jugadores que se firman para completar una plantilla, crecen y dan lugar a rivalidades tan bonitas y deseadas como complicadas y difíciles para el entrenador.  

El cordobés llegó a Barcelona en 1964 y sólo jugó 2 encuentros, además tuvo una actuación nefasta ante el Dinamo de Moscú en el trofeo Gamper y el entrenador Vic Buckingham lo alineaba solo fuera por el temor al abucheo de los aficionados. En un gesto de profesionalidad supo sobreponerse a esa situación y logró estar en el club catalán durante 7 temporadas y jugar 111 partidos de Liga. En ese tiempo ganó 2 Copas y la Copa de Ferias, 1 trofeo Zamora  y estuvo 824 minutos imbatido, en su momento récord del club. Fue internacional en 5 ocasiones. Ahora recuerdo un partido de la Selección Española en Sevilla donde, como siempre,  Iribar era el titular y Reina el suplente. El Chopo tuvo una lesión a última hora y esto hizo que el cordobés fuese titular y Rodri, el guardameta del Sevilla, suplente, por eso de ser en Sevilla. Ya en 1973 marchó a la capital para jugar con el At. Madrid consiguiendo ganar 1 Liga, 1 Copa, 1 Trofeo Zamora y 1 Intercontinental, llegando a sumar al final de su carrera profesional 312 partidos en primera División

Por su parte Sadurní, con excepción de sus primeros pasos y la cesión al Mataró, si estuvo toda su vida deportiva en el Barcelona. 16 temporadas le avalan como uno de los mejores porteros catalanes, desde 1960 a 1976. En su palmarés figura el número 3 como fetiche, 3 Ligas, 3 Copas y 3 Trofeos Zamora. Defendió el marco nacional en 10 ocasiones retirándose del fútbol activo a los 35 años.

Un caso similar en muchas plantillas

¿Qué si hubo más rivalidades de este calibre en la portería de otros clubes? ¡Por supuesto¡ De hecho en todos los tiempos y en todas las plantillas existieron, existen y existirán. Me vienen a la memoria casos como el de Izcoa y Ñito en el Granada; Nieves y Villanova en el Zaragoza. Algunos casos ocuparon primeras portadas por llevar esa rivalidad mal entendida a los últimos extremos como Awat y Munua, protagonistas de uno de esos lamentables episodios en los que llegan a las manos.

En el Real Jaén siempre ha habido casos de extrema rivalidad. En la temporada 1970/71 Pérez Domínguez y Mesa Cruz llegaron a jugar 20 y 19 encuentros cada uno y en los años 70 y 80 las llegadas de Aguinaga, Espinosa y el paso al primer equipo de Barroso, Ramón,…hizo de la portería jiennense un puesto caro de conseguir.

Porteros titularísimos

Pero no siempre es así. El capricho de entrenadores, lesiones y contingencias inoportunas, la propia calidad de algunos guardametas,  han dado casos de rivalidades virtuales. Son los titularísimos.

Si nos remontamos en el tiempo, este título honorifico lo tienen en sus vitrinas: Ricardo Zamora, siempre titular en el  Español, Barcelona y Real Madrid; José María Jauregui, en el equipo de su tierra, el Arenas de Getxo; Ignacio Eizaguirre, portero de la Real Sociedad, Valencia y Osasuna; Antoni Ramallets, el gato de Maracaná, con excepción de un año en Mallorca y otro en Valladolid, siempre en el Barcelona;….

Mención muy especial merece José Ángel Iribar. Siempre en el Athletic Club de Bilbao siendo titular durante 18 temporadas y en la Selección Española, donde conquistó la primera Copa de Europa de Selecciones. No fue fácil en sus inicios, ya que tuvo que quitarle el puesto a otro gran mito vasco, Carmelo Cedrún. Cuando tuvo la oportunidad por la lesión de éste, no la desaprovechó y hasta su retirada fue dueño del marco bilbaíno. Apodado el “Chopo” por su esbelta figura, marcó un estilo y una época.

Lo mismo podríamos decir de su vecino Luis Miguel Arconada. Jugó 414 partido de Liga siempre defendiendo la meta de la Real Sociedad a la que se mantuvo fiel, a pesar de las ofertas suculentas de otros clubes. Solo una lesión en la temporada 1985/86 le apartó de la titularidad. También fue indiscutible en la portería de la Selección.

Completa un grupo de excelentes porteros vascos Andoni Zubizarreta. Su carrera deportiva transcurrió entre el Ath. Club de Bilbao, el Barcelona y el Valencia. También tuvo este rol en la Selección Española donde disputó 126 encuentros, convirtiéndose en el tercer jugador más internacional.

La lista de guardametas a los que se le puede poner el adjetivo de portero “Titularisimo” es muy larga. Sólo hay que tirar de papel para encontrar, por ejemplo, en el Sporting de Gijón a Castro o Ablanedo; Seoane en el Deportivo de La Coruña; D´Alessandro en la U. D. Salamanca;  Carnevalli en Las Palmas; Esnaola en el Betis; Buyo en el Real Madrid; Víctor Valdés en el Barcelona;…

El último de los “Titularísimos” lo encontramos en Iker  Casillas, el mejor portero español de todos los tiempos y en su momento del mundo, al menos eso dicen los títulos conseguidos, sus internacionalidades y sus memorables actuaciones. Nunca un guardameta español obtuvo tanto. Hasta 725 actuaciones con el Real Madrid y 167 intervenciones con la Selección.

Pero mi mención de “Titularísimo” más entrañable, se la voy a dedicar a nuestro querido y recientemente desaparecido Pepe Bermúdez. Un portero con un gran saque de meta, sobrio, con buena colocación y muy ágil. A pesar de no ser muy alto, como casi todos por aquella época, tenía un salto y despeje de puños impresionante. Su trayectoria deportiva anduvo en Segunda División con en el Real Jaén, Las Palmas, Cádiz y Hércules y con el Celta y Córdoba en Primera.

La otra cara de la moneda: Los archisuplentes

Detrás de la cara está la cruz y Tras los Titularísimos están los Archisuplentes. Son los casos de eternos porteros suplentes, que año tras año cubrían las espaldas del indiscutible.

Me viene a la memoria un portero de los años 70, el vasco Víctor Marro. Desde 1971 a 1977, el de Balmaseda fue suplente del gran Iribar en el Athletic Club de Bilbao. En 1975 a 1977 probó en el Valencia y aunque empezó de titular, Balaguer y Basauri lo mandaron al banquillo. De nuevo probó suerte en Segunda División en  Osasuna pero tampoco jugaría demasiado. Total, se retiró con 24 partidos jugados en Primera División.

Mariano Tirapu jugó en el Rayo Vallecano, At. Madrid, Burgos, Mallorca…fue titular en el Rayo, Mallorca, en 2ª División pero en 1ª División tan solo lo hizo en 24 ocasiones. Algo chocante por lo que apuntaba.

A Ignacio Aguinaga y Antonio en sus etapas en la U. D. Salamanca le tocó también calentar banquillo a la sombra se D´Alessandro. Ambos pudieron tener después la satisfacción de ser titulares en el Real Jaén, además Aguinaga recaló en el At. Madrid en 1ª División.

Otro caso muy especial es el de Manuel Campos y  posteriormente Jacinto Barroso. Ambos tuvieron el infortunio de coincidir con la leyenda de Esnaola.

Una rara coincidencia o simple casualidad se ha dado en la Selección Española.  Se trata del padre e hijo, Miguel Reina y Pepe Reina. Los dos eternos suplentes en la roja a los que no daban oportunidad ni Iribar ni Casillas. Pero sin lugar a dudas, el actor secundario, el eterno portero suplente, tiene un nombre propio: Meléndez, a la sombra de Zubizarreta en el Athletic Club de Bilbao primero y de N´Kono en el Español después, sus números no dejan dudas. Doce temporadas en Primera División y sólo disputó once partidos de Liga. La media no llega ni a uno por temporada. En Bilbao durante siete campañas disputó seis partidos de liga, tres de Copa y tres de Copa de la Liga. En el Español durante seis temporadas jugó cinco en Primera División.

Hoy, esta situación es difícil verla. Los entrenadores suelen darle al menos la Copa al teórico suplente o bien el jugador al no verse con minutos cambia de club, aunque sea de inferior categoría para demostrar su valía. Después hay casos realmente extraños donde el titular debería ser el suplente y el suplente el titular, vamos el mundo al revés. Sin decir nada que no sepa nadie, ni tratando de descubrir la pólvora negra, hay ciertas amistades, negocios o parecidos… Y si no que se lo pregunten al buen aficionado del Real Jaén con el caso de Antonio y Corral.

La situación ha cambiado hoy en día y los suplentes tienen al menos la Copa para poder entrar en el once. Antes de nada, me gustaría aclarar que soy de los que piensan que debe haber un portero titular  y otro suplente pero que ambos deben disputar partidos de Liga y ambos deben actuar en la Copa.

No puedo estar de acuerdo con algunos entrenadores  que dan como premio “minutillos” en la Copa pero lo mantienen si llegan a la final y ponen en manos de suplentes el triunfo o la derrota de su equipo. ¿Eso es lo mejor para el equipo? ¡Doctores tiene la iglesia! Pongo un ejemplo bien reciente. Pinto juega titular y disputa la final de Copa. En el banco Víctor Valdés. ¿Normal? Para mí no. Salvo raras excepciones siempre hay un portero mejor que otro y ese es el que tiene que jugar los partidos más importantes y el suplente, que debe ser también un buen portero, otro tipo de encuentros, Liga, Copa, Copa de Europa,….con menos transcendencia. Pero esto no es nada más que mi opinión.

Bueno, que todos estos comentarios, ejemplos y demás argumentos sobre la figura del guardameta, no sirva para molestar a nadie ni para crear un mal ambiente en torno a la figura de tan distinguida figura, y sí para reconocimiento a esos jugadores.