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Sampaoli y su mentirosa verdad

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José Manuel García-Otero.- El mundo del fútbol no deja de abrir la caja de las sorpresas y asestarnos en todos los morros con una nueva “novedad”. En Sevilla, ciudad de contrastes, hoy es Jorge Sampaoli el hombre que se emparentó con Jack destripador, cuando hasta hace un mes y pico era el monje que le servía el té a Fray Escoba.

El Sevilla FC, equipo que camina el cuarto de la Liga y todavía aspira a subir un escalón más, ha jugado esta temporada varios partidos de ensueño, pero en las últimas jornadas aquel equipo que tanto glamour transpiraba parece que juega con los zapatos de Drácula.

De Abel pasó a Caín este pelado nacido en Casilda (provincia de Santa Fe), que nunca te mira a los ojos y tiene dos estampas de sus dioses (Bielsa y Guardiola) en la mesita de noche.

Sampaoli , con contrato con el Sevilla hasta junio de 2018, tiene pie y dos juanetes del otro en Buenos Aires. AFA y el diez (Messi) lo reclaman. Y Sampaoli cumplirá ese sueño que, desde que levantó la Copa América con Chile, prende de su almohada de dirigir a la albiceleste a partir de julio próximo.

Hasta ahí todo bien. A nadie se le puede arrebatar un sueño, digo. Pero los sueños cuando tienes un contrato en vigor se pueden aparcar o, según dicta el código de las buenas maneras, sentarte en una mesa con el jefe que te paga todos los meses y llegar a un acuerdo satisfactorio. El Sevilla no tiene a nadie cargado de cadenas en su nómina, aunque las cadenas sean de oro como las que lucía el finado Manzanita. Lo que no puede hacer Sampaoli es decir que hace sol cuando sobre el tejado caen chuzos de canto.

En Argentina hasta los camareros saben que Sampa entrenará a la Selección a partir de este verano. Pero el pelado anda más callado que un monje budista en una misa gregoriana, y cuando le preguntan sobre el particular lo niega o sabe menos que un borrico en el aula magna de la Facultad de Filosofía.

Miren: el viernes, en la rueda de prensa, Sampaoli aseguró a los periodistas que él, en vísperas de un partido tan importante como el de Valencia, no se reunía a hablar ni con su hermano. En vísperas de ese partido, en un hotel céntrico de Barcelona, se estaban reuniendo (y cerrando el trato), el abogado de Sampaoli y el presidente de AFA, un tal Tapia. Hay fotos para constancia de sus familias.

Jorge Sampaoli, ese hombre que adora el rock duro argentino, amante de la poesía con balón, de los tatuajes; aquel que jamás saluda ni aunque le regales un billete de quinientos, que tiene seis perros porque dice que ellos sí que son leales, se va del Sevilla en cuanto la Liga cierre las cortinas. Y quiere decir adiós a su manera: con la verdad más mentirosa.

@butacondelgarci