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El viaje a Ítaca del Villacarrillo CF

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Desiré Amaro. con frecuencia, pero llevo varios días con el síndrome del folio en blanco, no soy capaz de ponerle palabras a mi equipo y lo que ha supuesto la vuelta del Villacarrillo a Tercera división.

Una temporada son muchos meses compartidos, podría hablar de objetivos conseguidos y de la actitud positiva de los jugadores, pero eso no les contaría quiénes son. A mí no me interesan las grandes parrafadas copiadas de un libro que lo mismo sirven para un roto que para un descosido, me interesa la vida que hay debajo de lo que se ve y que de una manera invisible y mágica construye un equipo excelente durante toda una temporada y que deja huella en los que somos parte del mismo.

El Villacarrillo CF no ha remado en un barco, era una moto, no nos ponemos de acuerdo en si una Yahama o una Honda, roja o azul, pero sin duda ha tenido la potencia de una moto de gran cilindrada. Tomábamos cerveza en el Guzzi un viernes al mes y el menú de los viajes la mayoría de las veces han sido bocadillos.

Como de esto no come nadie, de noviembre a abril la mayoría del equipo ha tenido que trabajar en el campo con dedicación plena: Niza, Tony, Juan Ángel y Cañadas, que además hizo la pretemporada en la vendimia, unos meses durísimos como saben la mayoría de los futbolistas de esta provincia. Otros trabajando en supermercados como Pablo, intentando cambiar turnos para llegar a los entrenos, Fran en un comercio todo el día, Serrano en una empresa con turno partido en Jaén, Tomás y Borja como monitores deportivos en escuelas, Barbi repartiendo en una empresa de mensajería y nuestro pichichi, Miguel, muchos días desde las 6 de la mañana colgado en un poste de alta tensión. Los demás estudiando y aprobando, Samu, Juanlu, Antonio, Sergio Muñoz, Sergio Pérez, y Sergio Carrascosa, y Diego con las oposiciones.

Después del trabajo y la mayoría con una hora de viaje de ida y otra de vuelta a entrenar, lo han dejado todo en el campo, sin rendirse, “auténticos leones que iban a por todas”, no lo digo yo, lo escuché en algún campo por parte de los aficionados del equipo contrario.

Desiré Amaro junto a Valenciano y Juani.

Los partidos se ganan, uno detrás de otro, y viene lo peor, las lesiones, y empezamos a echar mucho de menos a los compañeros, los que quedan no pueden descansar ni un partido, es una plantilla corta, tiramos de casta con juveniles que incluso doblan partidos algunas semanas. Los números no tienen corazón, pero quienes están detrás de ellos sí.

Al final hemos perdido algún partido, no siempre se puede ganar, si siempre se ganara el fútbol no tendría sentido, pero incluso en los momentos difíciles he sentido la lucha de mi equipo, como también sé quién ha salido lesionado y se ha callado por no fallar o cómo a un amigo, Pepe Almansa, lo operan de apendicitis y él solo se quita los puntos a los quince días para poder salir a jugar.

Clavículas rotas, cruzados rotos, apendicitis…, dolor. Dolor también en sus caras, cuando hemos terminado y se ha perdido, pero siempre con honor. Y al frente de todos un director de orquesta, Valenciano, que ha sabido sacar lo mejor de cada uno, ser creativo ante cada dificultad y meter muchas horas de trabajo. Son terriblemente humanos, maravillosamente humanos y para mí unos héroes. El domingo entendí qué significa Ítaca, es el viaje a un sueño, que estoy dispuesta a continuar…, “hasta que se seque el malecón”.

Desiré Amaro ha formado parte del cuerpo técnico del Villacarrillo CF como coach.