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Ángel Munuera Montero asciende a Segunda B: la historia continua

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La vida te pone en el camino, luego te va sugiriendo cosas y, dependiendo de lo que quieras de la vida y de las cosas, vas hacia un lado o hacia otro. Tomar riesgos es una obligación, todos en algún momento debemos tomarlas. Lo importante es saber si, ganando o perdiendo, seguiremos adelante sin perder el equilibrio.

Ángel Munuera Montero es el décimo de diez hermanos, el menor. Profesor de Educación Primaria y árbitro. Comenzó su carrera arbitral a los 16 años y una década después acaba de lograr el ascenso a Segunda División B como árbitro asistente. Ángel comenzó jugando al fútbol. Era un futbolista razonablemente bueno. Tras jugar en varios equipos de Jaén (América, Jaén-21, Las Lagunillas) acabó una pretemporada a las puertas del Real Jaén. Sin embargo los estudios, los horarios: “…y que tampoco me veía yo tan bueno”, lo cierto es que las cosas fueron por otro lado y Ángel dejó el fútbol pero seguía amando el deporte.

Para ese momento su hermano, José Luis Munuera Montero, el sexto en el escalafón filial, ya era árbitro y estaba al inicio de una carrera que la pasada temporada culminó con debut en Primera División. Para José Luis es un orgullo que el benjamín haya seguido sus pasos. Ángel explica el papel de su hermano en su inicio como árbitro : “José Luis no me presionó. Me mostró el camino. Él me sugirió, que si no quería dejar el deporte, el arbitraje era una buena posibilidad. Así empecé.” Y así empezó un camino que ahora cumple diez años. La pasada temporada, ese camino, le planteó una bifurcación en la que debía toma decisiones definitivas.

Ángel no era un joven que empezaba. A sus espaldas ya había muchas horas de arbitraje. Cuatro temporadas en Tercera División. Incontables sesiones de entrenamiento, partidos complicados, incertidumbres, días ásperos que ponen a prueba la vocación de un árbitro y por delante una incógnita por despejar: “Después de varias temporadas como árbitro en Tercera División me quedé, por unas cosas  por otras, a las puertas del premio. Eso comenzaba a minar mi ilusión. Vi una posibilidad, una alternativa y otro camino como árbitro asistente. Aquello representaba una oportunidad para volver a ilusionarme. Fue una decisión muy complicada. Sabía lo que me jugaba al dar ese paso. No había vuelta atrás. Consulté, pedí consejo, escuché opiniones. Hablé con mi hermano, con José Luis Liébanas, con Sito, con Pablo Sánchez, Delegado del Colegio de Árbitros en ese momento. Escuché a todos mis referentes y luego, bajo mi exclusiva responsabilidad, tomé la decisión de cambiar el silbato por la bandera. Ahora creo que hice lo correcto”.

La pasada temporada ya la hizo como árbitro asistente y, a partir de ese momento, muchas cosas cambiaron: “Lo primero que noté fue sorpresa. Los delegados, los jugadores…al llegar al campo me saludaban como árbitro y, cuando les explicaba el cambio, notaba cierta extrañeza. Sin embargo creo que fue un acierto. Mi primer partido como Asistente fue un Écija-Castilleja. El partido termino 5-1. Me encontré un poco extraño al principio pero con dos partidos encontré la normalidad absoluta. Además iba con Carlos Montijano Linde que, además de árbitro, es amigo y tenemos un entendimiento perfecto. El haber pasado por la etapa de árbitro ayuda mucho”.

Ángel debutará la próxima temporada en Segunda B con José Luis Guzmán como árbitro. La banda será su espacio de nuevo y ya ha podido experimentar las sensaciones de una especialidad en la que, como en el caso de los porteros, hay actuaciones muy puntuales pero que pueden marcar un partido y pueden marcar al asistente. Los jugadores y los árbitros tienen muchas ocasiones para intervenir en un partido. Los Asistentes y los porteros muchas menos y, en todos los casos, se trata de decisiones sensibles porque siempre se producen en “territorio gol”. Ángel lo sabe pero su filosofía de vida le ayuda a encarar los retos y sus riesgos con serenidad: “Lo que hago, lo hago para ser feliz y, en el mismo hecho, ya encuentro una satisfacción. No temo los riesgos. Me gusta lo que hago y no pienso en las cosas negativas. Procuro disfrutar siempre”.

Quién elige unir la felicidad a todo lo que hace puede parecer un optimista, puede. Hasta que encuentras a alguien que lo ha conseguido y compruebas que es más realista que otra cosa. Se lo propuso y lo hizo. Tomó riesgos y acertó el camino.