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De Neymar a Mbappé o la tragicomedia del fútbol

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El fútbol lo admite todo. Es una máquina perfecta que engulle, selecciona, discrimina, analiza e integra, todo, en un solo gesto y sin parar de funcionar a pleno rendimiento. Tiene las virtudes y los defectos repartidos, localizados y aceptados a partes iguales.

Por una parte están las cosas que hacen de este deporte un artefacto generador de emociones, pasiones, alegrías y quebrantos a tiempo parcial, que gira y reparte todas esas sensaciones equitativamente y de manera cíclica. Equilibrio casi perfecto que incentiva y estimula su consumo.

Por otra todo lo que le ha sobrevenido, dinero, corrupción, política, manipulación, apuestas ilegales…, por su condición de estructura magnética y capaz de atraer a millones de personas que siguen el fútbol de forma irremediable y que, cuando lo quieren verbalizar, casi nunca encuentran las palabras capaces de hacerlo: no se puede explicar.

A partir del contenido de esa coctelera se ponen en marcha espectáculos y situaciones de muy distinto corte. Dramas y comedias que, siempre y de serie, tienen una trama apasionante. Da lo mismo que duren un día que un mes. El argumento se vive con intensidad y ahora, además, permite interactuar al espectador. Esto hace que el éxito siempre esté asegurado. Todos somos participes del evento y al hacerlo nuestro, lo defendemos o lo explicamos con benevolencia. Sea edificante o penoso.

La tragicomedia de Neymar ha tenido una duración media y se ha producido según los pasos escénicos del teatro clásico: exposición, nudo y desenlace. Saltó la noticia y tardó unos días en revelarse como cierta. La parte central no ha sido un nudo, ha sido un “nudazo”. En esa fase ha intervenido todo el mundo. En escena había más gente que en “La venganza de Don Mendo” y el mismo enredo.

El club negando, luego asumiendo y finalmente pidiendo la cláusula. Los compañeros, con Piqué como portavoz, haciendo una presión y un chantaje de amistad en toda regla. Los seguidores, que pasaron de la incredulidad al rechazo y al insulto y, finalmente, la prensa que esta vez ha ido a rueda del clan del jugador, de las medias palabras del club, de las redes y de la incertidumbre.

Sin embargo, aunque ya conocemos el desenlace, la salida de Neymar del Barça,  todavía no hay telón. Esto hace al fútbol incomparable, irresistible y muy humano. Demasiado humano. Nada puede con este deporte. Nadie ofrece distracción, intriga, carcajadas de alegría o momentos transitorios de quebranto tan reales como los que se ven, en sesión continua, en este escenario.

Cuando todavía no se ha cerrado la puerta del espectáculo Neymar, el fútbol ya prepara una nueva superproducción para agosto: “El incierto futuro de Mbappé”. ¿Quién da más?