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Pesadilla culé en la Castellana

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Siete títulos en 20 meses. El Real Madrid de Zidane. Hoy, tocaba el descabello de un FC Barcelona que perdió la Supercopa España en su casa, que quiso tapar el desplome de una noche de verano con el fichaje de Paulinho. Necesitaban al menos tres los de Valverde. La hazaña era de otro Barça. El de hoy está muy lejos de jugarle de tú a tú a los blancos. Da igual el color que vistas, lo de este Madrid es más que evidente y parece que va para largo.

El dibujo cambió en ambos equipos, pero la película fue la misma a partir de las 23:00 horas. Marco Asensió cerró la ida y alargó su momento dulce en el minuto tres de la vuelta. Mismo disparo, pierna diferente y mismo resultado. Ter Stegen se quedó pegado al verde y el zurdazo del pequeño mallorquín volvió a lamer la escuadra. El Barça, brazos en jarra a las primeras de cambio, en un estado de letargo que comenzó en mayo y que ni el verano ha curado.

Con el 4-1 global el Madrid bajó un pistón a la espera de un susto del Barça, pero este equipo hace ya mucho que no asusta. Ni Messi ni Suárez aparecieron por la Castellana. Mientras, el Madrid tocaba, tocaba y aburría, pero solo a los azulgranas, porque el Bernabéu fue una fiesta desde que el balón echó a rodar, una imagen muy distinta a la que se vio hace tres días en el Camp Nou. Había turistas, había camisetas azulgranas en territorio enemigo, pero el ambiente era de final.

Sin Ronaldo, sin Bale y (casi) sin Benzema, el Madrid no necesitaba mucho para marear a un inocente Barça. Ni se daba prisa por sacar un balón parado ni a los de Valverde parecía importarle. Caños, sombreros, ruletas… y olés en la grada en el minuto 35. Un festival que acabó con el 2-0 de Benzema. Pausa dentro del área y disparo a la media vuelta. El Barça, un pelele.

La segunda parte fue la continuación del suplicio para los culés. El Madrid mareaba la bola y el Barça revoloteaba sin rumbo. Messi fue el único que lo intentó, pero la defensa desarticuló por completo al 10, que hasta en un mano a mano se enemistó con el palo de Keylor. Poco más se vio. El Madrid sigue alzando títulos al ritmo que quiere. El Barça, por su parte, necesita mucho más que Dembelé o Coutinho para parar una hemorragia que comenzó en el mes de mayo y que no sanará con un puñado de grapas.