Inicio 1ª División Nacho, un capitán en la sombra

Nacho, un capitán en la sombra

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Javier Muñoz.- Nacho Fernández Iglesias (18/01/1990, Madrid), canterano blanco desde los 11 años, jugó en el Real Madrid Castilla desde 2009 hasta 2013, cuando accedió al primer equipo. Llama la atención su madurez y capacidad de mantener la compostura ante cualquier situación, así como la estricta profesionalidad que le ha llevado a no padecer ni una sola lesión como futbolista. Por si fuera poco, con el hándicap de ser diabético, por lo que el cuidado diario de su cuerpo debe ser exhaustivo.

Sin hacer ruido, ya es el canterano con más tiempo en el equipo y se ha ganado poder asumir galones dentro del vestuario al mostrar rasgos de un buen capitán y su ADN madridista: coraje, entrega, espíritu competitivo, ambición, gen ganador, señorío y… fidelidad al club de su vida. Pese a no obtener un puesto asegurado y tener que ganarse día a día durante años la confianza de todos los estamentos de la entidad, rechazó varias ofertas importantes de clubes como Oporto, Roma o Nápoles para cumplir el sueño de triunfar de blanco. Visto su rendimiento y compromiso, la de este verano ha sido la última de las muchas veces que el club se ha negado a negociar por su traspaso.

La progresión de Nacho se hace patente, ya que con periodos prácticamente de la misma duración, ha jugado más partidos en la primera plantilla blanca (119) que en el filial (111). Debutó el 23 de abril de 2011 en un choque liguero acontecido en Mestalla, y entre ésta y las dos próximas campañas el técnico José Mourinho le dio la oportunidad de disputar otros quince partidos (cinco veces como lateral derecho y once por el costado derecho de la defensa). Pese a todo, seguía siendo jugador principalmente del Castilla, utilizado por Toril como central.

Fue con Carlo Ancelotti en el verano de 2013 cuando dio el ansiado salto hacia la élite blanca, con el promedio aproximado de una recuperación cada 12 minutos en 20 partidos disputados. Pese a su discreto crecimiento, se ganaba en los entrenamientos jugar cada vez más, con 22 partidos tanto en la temporada 2014-2015, también con Ancelotti, como en la 2015-2016, en una temporada en la que Benítez dirigió el equipo hasta su cese a finales de diciembre y Zidane le relevó para la segunda vuelta.

Sin embargo, su consolidación llegó en la última campaña, en la que alcanzó sus mejores registros siendo uno de los componentes más utilizados con más de 3000 minutos divididos en 39 partidos. Además, a pesar de no ser su labor, sumó en ataque con tres tantos y seis asistencias. Todo ello tuvo efectos más que positivos en el colectivo, ya que el equipo de Concha Espina se hizo con cuatro (Supercopa de Europa, Mundialito de Clubes, Liga y Champions League) de los cinco títulos en los que compitió, siendo la Copa del Rey el único que se les escapó a los de Zidane. 

El defensa madrileño parece afrontar una de las temporadas más prometedoras de su carrera, en la que únicamente ha vestido la camiseta blanca. Al igual que los anteriores técnicos, Zidane es consciente de lo que es capaz de dar al equipo. Su responsabilidad aumenta y su rendimiento no se resiente, por lo que con la marcha de Pepe ya está más cerca que nunca de la titularidad y se sitúa prácticamente a la par de los otros dos candidatos para ocupar la zaga merengue: Varane y su “ídolo” Sergio Ramos.

A parte de su invulnerabilidad como central, exhibiendo todas las cualidades necesarias para ello, entre las que destacan su rapidez, contundencia, colocación y solvencia en situaciones complicadas, también demuestra ser un gran lateral tanto en la izquierda como en la derecha. Exceptuando la tarde negra del 4-0 endosado por el Atlético de Madrid en el Vicente Calderón (7/02/2015), encuentro para olvidar para el equipo al completo, no se le recuerda una noche difícil en la que haya tenido errores.