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Asensio

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Eduardo Grenier.- Podría haber titulado estas líneas con una retahíla de calificativos y frases elogiosas que desde hace semanas recorren el globo terráqueo, a consecuencia de la irrupción del joven Marco en el Olimpo de los dioses del fútbol. Sin embargo, solo siete letras -“Asensio”- bastan a día de hoy para describir lo que se ha convertido en un fenómeno global, un permanente Trendic Topic, una fiebre irremediable para millones de fanáticos… No hay que aderezar demasiado un apellido de semejante estirpe, que en sí mismo provoca ya un eco estridente.

Lo cierto es que, por una u otra razón, Asensio es el jugador de moda. El aura que rodea su pierna zurda ha surcado ya los siete mares para convertirse en un virus incurable, una especie de catarro que inquieta a los enfermos del fútbol. El talento del mallorquín, pese a que los ojos más curtidos lo habían descubierto hace mucho tiempo, cuando era apenas un diamante en ciernes, se ha convertido casi en un chasquido en el opio del que se nutren los aficionados madridistas.

Lo más sorprendente de todo es que, a la luz pública, Asensio no se comporta como una estrella. Parece como si aún no se hubiera enterado del terremoto que está provocando. Es curioso cómo ha tomado la fama con una alta dosis de mesura, manteniendo, al menos a la vista de todos, una actitud humilde que cuesta palpar en estos tiempos en que el fútbol se ha convertido en juego de millonarios.

Esto lo puede llevar a ser mejor jugador. Romper los cánones de la modernidad no es para nada un delito. Por el contrario, la humildad debe, y tiene que ser, la palanca perfecta para conseguir éxitos en la vida. Es una cualidad que bien vale un potosí. Y no quisiera parecer hiperbólico, pero por lo que he visto de Asensio sobre el rectángulo y teniendo en cuenta su corta edad, no parece utópico que algún día podamos verlo levantando un Balón de Oro.

Hace unos días provocó el quebranto entre la afición del Barça, meses atrás lo había hecho con la de la Juve en la mismísima final de la Champions, todavía muchos recuerdan su golazo a la Real Sociedad en la primera jornada de la Liga, su cabalgata en el Sánchez Pizjuán… Marco tiene una precisión exorbitante con su pierna zurda, es casi infalible. Sea quien sea el rival. Posee una rapidez que le permite encarar por el perfil izquierdo a los laterales más raudos… rara vez pierde en velocidad aun cuando va manejando el balón. Y son solo algunas de sus virtudes. Desde fuera del área, dejarlo a merced de la portería es una infracción que se paga bien caro

En cuanta competición en que ha debutado, Asensio ha marcado un gol. Pudiera parecer una casualidad, para los supersticiosos es quizá una señal de grandeza. Pero lo real, lo verdaderamente importante, es que pocos han conseguido algo así. Para alguien que roza las dos décadas de vida, lucir la franela blanca por primera vez y hacerlo inscribiendo su nombre en el pizarrón es un mérito más que destacable. El atrevimiento es pasmoso.

El Bernabéu corea su nombre. Eso ya es un sueño cumplido para cualquier futbolista del Madrid. Y Asensio no esboza un estilo espectacular, pocas veces le he visto hacer caños, sombreros o bicicletas que levanten a la gente de sus asientos. No. Su idilio es con el gol. Las florituras están de más cuando se tiene elegancia con el balón de manera natural, cuando se inspira peligro con solo respirar sobre la esférica. No es un jugador perfecto. Cierto. Y no hay que ser experto vaticinando el talento de un futbolista para reconocerlo, hay veces que es innecesario. Incluso un comentarista de enorme popularidad en Latinoamérica, Luis Omar Tapia, especialista en poner apodos a los mejores jugadores del mundo, ya lo bautizó como Pegaso ante el reclamo del público. 

Solo queda esperar por que el joven talento español no pierda la ambición, que mantenga la candidez en este mundo de picardías y que la aureola triunfal lo acompañe también cuando vista el rojo de la Selección española. Podría ser el punto alrededor del cual gire un equipo que regrese por la puerta ancha a la senda triunfal y vuelva a levantar copas al más alto nivel.

Por lo pronto, lo único que no consigo ni conseguiré perdonarle a  Marco Asensio es que no haya tomado un avión el miércoles por la noche y viniera hasta Cuba para marcar el golazo que le endosó al Barça. Las arañas que tejen en la portería del estadio nacional Pedro Marrero de La Habana seguramente habrían sufrido un buen susto. Semejante obra de arte merecía ser vista en vivo y en directo, doy fe de que por tele no es igual.

Una vez escribió Eduardo Galeano: “Yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo, sombrero en mano, y en los estadios suplico una linda jugadita por amor de Dios”. Una lástima, maestro, que no estés entre nosotros para ver acariciar la pelota a la nueva joya española. O quien sabe si, estés donde estés, aún te palpite el corazón con una de esas “jugaditas” antológicas destiladas de los botines de Marco Asensio.