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Valenciano: la gloria y el abismo

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Valenciano va a estar hoy en su estadio pero no podrá presentarse ante su gente. Cumple sanción. Supongo que habrá pensado mucho y durante mucho tiempo en el dia que iba a estrenar el banquillo del Real Jaén. Las cosas no siempre son como uno las dibuja o las sueña. La felicidad completa no existe. El episodio de Atarfe ha servido para muchas cosas menos para sumar puntos. Supongo que todos han tomado nota del desatino. Valenciano, estoy seguro. Estar o no en el banquillo, dependiendo del resultado del partido, puede disolverse y no pasar de anécdota o puede quedar como espina para mucho tiempo.

El Real Jaén le ha dado su proyecto a un joven entrenador. Eso demuestra que los encargados de decidir se han puesto en unas manos con pericia y sin temblor. Apoyar está designación y confirmarla habla bien de quienes la firmaron. Dejaron la decisión en manos profesionales. Supieron ignorar los consejos interesados, las amenazas veladas y los malos augurios de  “merlines” domésticos. Hasta ahí lo han hecho bien. Ahora viene el momento del entrenador.

Valenciano tiene ante sí un campo abierto para la gloria pero un terreno lleno de minas. La gloria y el abismo. Lo deportivo, siendo peligroso, es algo que no le viene largo. Sabe que la Tercera es tierra de emboscadas y de guerra de guerrillas. Conoce las fortalezas y las debilidades de su plantilla. Sabe que, en gran medida, de la cohesión del grupo puede depender el éxito deportivo. Las cosas se explican, se entrenan y luego, donde termina la acción del entrenador, empiezan a jugar la disposición y el corazón de los futbolistas. Si Valenciano logra arrastrar a sus jugadores por el camino de la responsabilidad, la solidaridad y, sobre todo, la lealtad de unos para con los otros, si consigue eso, habrá logrado la mitad del reto.

La parte que le puede resultar más complicada y más extraña es la que en absoluto depende de él. En Jaén, como en todas partes, todos entendemos de fútbol. Todos hacemos alineaciones y todos, sin duda, resolvemos los problemas del equipo sin demasiada dificultad y mejor que el entrenador, eso sí, desde la grada. David también tendrá que luchar, aunque no le guste, con eso. Debe entrenar el aislamiento selectivo. Jamás alejarse pero, sin duda, no dejarse arrastrar por el ruido pendular que, de semana en semana, irá cambiando el discurso y tratando de minar su ánimo.

Fácil no lo va a tener pero el hecho que, desde algunos sectores, se hayan puesto todos los “peros” a su designación es buena señal: “Ladran, luego cabalgamos”. A partir de ahora, en su mano está templar la rienda, observar los movimientos y los sonidos de su vestuario; mantener el diálogo abierto con los ejecutivos para desdramatizar esa comunicación y conocer del exterior lo que le interese conocer y le sirva, nada más.

Muy pronto veremos si el fútbol le ayuda o le pone tapias altas para imponer su idea. Veremos si quienes le dieron la oportunidad le dan, también, el tiempo imprescindible para que lo sembrado agarre y se vea el fruto. Lo cierto es que su suerte, ahora, es la suerte del Real Jaén. Espero y deseo que los dos la tengan.