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Benzema o cuando el león no se come al cristiano

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Benzema es hoy ejemplo del carácter efímero de los afectos y las adhesiones en el fútbol. Es solo una muestra, casos hay cada vez que hay partidos. El futbol es como un gran recipiente de agua. Lo que escribes se borra. Muda al instante. Todo empieza y termina en un suspiro.

El Real Madrid, en un partido en el que Asensio paró el reloj y el tiempo, tuvo ocasiones para no haber sufrido lo que sufrió. Karim fue el encargado, en casi todas, de estar allí. Esta vez se produjo el desajuste de la superficie o el segundo. No tuvo ni magia ni eficacia. Unas veces no llegaba o llegaba un segundo tarde y otras golpeaba con la superficie menos adecuada. El resultado lo conocen. El jugador francés se fue de vacío, perplejo y con asco en el estómago. El fútbol, lo digo siempre, tiene muchas tripas y muy poca memoria.

La reacción que se produjo tras el partido contra Benzema es solo una muestra más, de lo débil que es el aplauso en el fútbol y lo fácil que resulta echar sapos por la boca cuando un jugador, la máquina que presumimos que es, no logra satisfacer la necesidad de gozo de una grada. No seré yo el que critique a los que critican, faltaría más. Somos libres y muy dueños de expresar lo que nos apetezca en cada momento. Lo que me resulta gracioso es que, siguiendo la liturgia de este deporte, los que ayer despedazaron verbalmente a Karim Benzema son los mismos que, en la tarde del Calderón, le quitaron el gol a Isco y acuñaron la frase homenaje “el gol de Benzema”. De aquel ejercicio de equilibrio y técnica ante las fauces de tres grandísimos jugadores atléticos a la defenestración de ayer, solo hay unos meses. Allí Benzema enseñó una de sus numerosas caras y demostró que marca, pasa, asiste y que, cuando no se le ve, es porque anda arrastrando rivales. Una cosa es mirar un partido y otra verlo. Pequeño detalle. Todavía hay gente que confunde un partido de futbol con la marathon de Nueva York y no es eso.

La censura puntual por una falta de acierto parece lógica. Benzema estuvo ayer en todas, pero no estuvo fino. Lo que resulta patético es esa enmienda a la totalidad que descalifica al delantero y lo coloca casi como amortizado. Afortunadamente el fútbol siempre concede otra y con esa le bastará a Karim para revertir una situación tan exagerada como injusta. Una censura que no nace de la razón y sí de la desesperación de comprobar que este Real Madrid, ganador en serie, también puede tropezar.

Está claro que debemos distinguir entre aficionados, los que están con el equipo cuando más lo necesita, y espectadores que van al campo pero que si “el león no se come al cristiano” reniegan del espectáculo y sus protagonistas y piden que les devuelvan el dinero de la entrada. Estos últimos son los que ayer fueron, sin piedad, contra Benzema. Su crítica, legítima, tiene poco recorrido. Irá hasta que Karim vuelva a marcar y entonces su encendida alabanza al delantero, tendrá el mismo valor que este juicio descarnado, casi ninguno.