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El añorado regreso del Getafe

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Eduardo Grenier.- Cuba. Comienza el partido y más de diez mil personas arropan al Getafe. El ambiente de siempre: gente de pueblo que olvida sus problemas disfrutando de buen fútbol y muestra fidelidad a su equipo. Pero esta vez resalta un detalle diferente, una transformación que se nota por encima del público: huele a Primera. El Coliseum no es el mismo. Su cariz denota una elegancia inusitada, lejos de la imagen gris que ha tenido en otras oportunidades, cuando la rutina de la máxima categoría eliminó cualquier atisbo de ilusión.

Diez mil personas. Nada menos. Un bofetón directo al rostro de quienes dicen que el Getafe es un club sin afición: vil mentira inventada para restarle mérito a una institución humilde, carente de millones en sus arcas. La misma que en su día tuvo contra las cuerdas al poderoso Bayern Munich, la que remontó con histórico 4-0 al Barça, la que ha ganado en el Bernabéu, la de la marea azulona, la de Ángel Torres…

El presidente del Getafe es, pese a sus incontables detractores, el responsable del gran milagro ¡Doce años en Primera! Se dice fácil, pero es una gesta del tamaño del sol. Mientras clubes grandes se arrastraban por el lodo de Segunda, el Geta y su gente –que llegó a ser “EuroGeta”- se paseaban orondos por los campos de mayor pedigrí de Primera.

Hace dos años descendieron en la última jornada, tras caer en una infausta tarde en el Villamarín ante un Betis sediento. Y han vuelto. Como los grandes. Cayó, se sacudió el polvo del suelo y se levantó como un resorte, con mayor fortaleza. Este Getafe ilusiona. Más tras las primeras tres jornadas, en las que el fútbol los premió con un triunfo y les fue ingrato en los otros dos cotejos.

El artífice, José Bordalás. El maestro de los ascensos. Un hombre que el año anterior había ascendido al Alavés y las injusticias del destino –y de la directiva vitoriana- despojaron de dirigir en la máxima categoría. Puede que a muchos no les guste su estilo, pero la efectividad supera con creces las expectativas del más escéptico.

Este año Toni Muñoz abandonó la dirección deportiva. Un duro golpe al proyecto. Toni, honorable hasta el último día, esperó a regresar a Primera para abandonar el barco. Plausible. Entonces llegó Ramón Planes, con la difícil pero apasionante encomienda de construir un elenco que sobreviviera sin sobresaltos. Con la base de los héroes del ascenso, las incorporaciones deberían estar a la altura. Y lo estuvieron, al menos para la mayoría de la afición.

El presidente sacó la pasta y Planes trajo una serie de jugadores que conforman un excelente grupo. Por ejemplo, el último en llegar, Jefferson Montero, cedido del Swansea, extremo rapidísimo que mucho daño hará en las defensas rivales. Con la experiencia y efectividad de Jorge Molina –otro que, como Bordalás, ya merecía jugar en campos de Primera- y el japonés Shibasaki, la parcela ofensiva de los azulones puede rendir a buen nivel.

También llegaron Fayçal Fajr y Mikel Bergara, ambos llamados a dotar de solidez a un mediocampo que deberá funcionar al máximo ante elencos de gran alcurnia de la mejor liga del mundo. Para garantizar el equilibro arribó además Bruno González procedente de Hiliópolis. Todos ellos, unidos a los que continúan, constituyen un bloque fuerte que, de caminar con estabilidad, podría conseguir la salvación sin grandes sobresaltos.

Esta ha sido quizá la mayor victoria de Ramón Planes. El Getafe contará, al menos por esta temporada, con figuras establecidas, artífices todos del glorioso ascenso. Por citar los más destacados, Juan Cala, no solo un defensor experimentado, sino una inyección de moral constante para el resto del plantel. Por demás, seguirán vistiendo el azul otros como Álvaro Jiménez, Damián, el ya mencionado Jorge Molina y el cancerbero Guaita.

Este sábado el Getafe recibe al Barça. Los grandes vuelven al Coliseum. Me gusta pronosticar, pero esta vez no lo haré. Solo puedo asegurar algo: los culés deberán sudar muchísimo para llevarse el triunfo y, aun así, no lo tendrán garantizado. En frente estará un equipo con el termómetro anímico en números rojos, ávido de las máximas emociones que regala la Primera División. Habrá partidazo en el Coliseum. Si no es así, júzgueseme por atrevido.