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Desmontando, otra vez, a Zidane,

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Zidane al mal tiempo, también, buena cara
Zidane

El Real Madrid sudó y sufrió en Mendizorroza. Ceballos respondió a todas las charlas mantenidas con su entrenador, marcando dos goles que sirvieron para ganar. Más puntos que brillo pero se cumplió el pronóstico y se evitó otro susto.

Los blancos siguen en su etapa “valle” después de un agosto de opulencias futbolísticas y realizadoras. El madridismo se frota los ojos y no da crédito a esta visión tan poco vistosa de su equipo. Resulta extraño que el mismo conjunto, cambiando lo que Zidane cambia cada partido, que superó a los grandes de Europa en verano, no sea capaz de sacar sus tareas domésticas y haya perdido ante su público siete puntos y mucho crédito. La baja de Cristiano es importante, pero no se puede justificar todo por eso. Hay mucha plantilla y si no hubiera otra cosa, bastaría con el resto para sacar el trabajo adelante. Además, Cristiano ya ha vuelto y se ha contagiado del gris reinante. No ha habido cambios.

El Real Madrid no tiene otro mal que el provocado por una pretemporada dirigida a ganar dos trofeos. Superada esa franja, el equipo ha perdido frescura física. No tiene la idoneidad para la que fue programado y que sirvió para cumplir objetivos estivales. Pintus, el dueño de la hoja de ruta física, lo sabe. Se nota en la falta de precisión, en los errores técnicos de algunos jugadores que, en otro momento de temporada, son infalibles en el control y en el pase. Se nota en la ansiedad, impropia de un equipo hecho para ganar finales y que ahora se atasca ante conjuntos bien ordenados pero inferiores. Se nota, sobre todo, en los desajustes de medio campo, en los regalos defensivos y, por fin, en la falta de acierto en el remate. No se han vuelto malos de pronto pero no tienen la condición física adecuada para ser, individual y colectivamente, lo que son realmente.

No es eso ni lo que pretenden los analistas especializados en desmontar a Zinedine Zidane. No es, desde luego, un problema de cualificación. El técnico del Real Madrid fue atacado con la misma fuerza, cuando llegó, que ahora. Al llegar era un poco chocante. No tuvo tiempo de aterrizar y ya parecía tener cuentas pendientes por errores cometidos en el Castilla o en otra vida como entrenador. Descalificación previa y sin paliativos. Un poco exagerada. Si entonces resultó extraña tanta severidad en el juicio, ahora resulta más llamativa la descalificación que emerge de nuevo.

Zidane viene de ganarlo casi todo y de implantar una fórmula de alineación que se ha convertido en “moda”, nada más comenzar la presenta temporada. Todos rotan buscando lo que en la pasada campaña logró el francés: frescura a tiempo completo. Considero desproporcionada la revisión que se hace, continuamente, a los conocimientos futbolísticos del entrenador del Real Madrid. Antes por las dudas en el Castilla y ahora por dos cambios en un partido. La crítica no sorprende. Zidane se equivoca, es humano. Lo que llama la atención es la enmienda a la totalidad: Zidane no sabe de esto, solo tiene suerte y buenos jugadores. Sospechoso. A Zidane no le ha dado tiempo a cometer graves errores ni a ganarse tantos detractores. Esto debe obedecer a otras causas. Es demasiado intenso y muy sostenido para tratarse solo de fútbol.

Zidane en cualquier caso, visto el calendario, tenía otros presupuestos. No esperaba que los desaciertos fueran tan seguidos y tan caros en puntos. Sin embargo el Real Madrid conserva intacto su sentido del gol. Llega, crea y falla decenas de ocasiones. Es grave pero menos. En el momento en el que el equipo repunte físicamente, recuperará la regularidad, la eficacia y volverá a ser el bloque que todos los madridistas esperan. Esa es la razón por la que Zidane no descompone ni el gesto ni el discurso.

Desde dentro se tenían asumidos los problemas quizás, eso también es cierto, ha sorprendido la concatenación de pérdidas y la ansiedad con la que el equipo ha maniobrado en el campo ante la dificultad y los errores repetidos. Luego viene la excelente salida liguera del Barça pero eso, desde luego, ha sorprendido más fuera. Los jugadores y el técnico del Real Madrid saben que ni ellos ni el Barcelona se van para siempre.