Inicio Opinión Desiree Amaro La tristeza de convertir un eslogan en marca blanca

La tristeza de convertir un eslogan en marca blanca

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Desirée Amaro.- No soy tan osada como para hablar de fútbol, pienso que cada uno de nosotros tenemos que ser honestos con nuestras capacidades y competencias en nuestro campo profesional, zapatero a tus zapatos; pero sí me siento cualificada y competente para hablar de equipos, una de mis especialidades profesionales, que he aplicado sobre todo a equipos de fútbol.

Aprendí de Marta Ocampo, una gran profesional, que cualquier movimiento o cambio que se hace en un sistema o equipo genera un movimiento de cambio global porque todos los elementos del sistema están interconectados, y a veces ese cambio puede incluso llegar a destruirlo.

En este caso, el cambio de Valenciano como entrenador en el Real Jaén no es ni mucho menos un elemento neutro. El problema es que si de repente un día estás en tu vestuario trabajando y consiguiendo resultados y te cambian a tu entrenador por otro,  por mucho que ingenuamente se piense  que esto no afecta al equipo, y por mucho que se quiera disimular con cortinas de humo y un buen plan de comunicación y de marketing, esto tiene unas consecuencias, quizás no tan apreciables en el mundo consciente pero sí en el inconsciente colectivo, y es que la vida de un equipo contiene una energía llena de emociones y pensamientos colectivos con una fuerza que escapa a nuestra comprensión; esa es la magia de los equipos, que están conformados por un conjunto de elementos y variables que no se tocan como la pelota pero que sin duda la dirigen.

Más aún en el caso de este equipo, que se construyó desde la raíz, nuevo y dirigido por una persona con un liderazgo fuerte y capaz de construir y de orquestar todos los recursos con la premisa de cuidar mucho a su gente. Era un equipo de autor, con identidad, con coherencia, donde la gente iba a trabajar con ambición y compromiso pero cómoda y con ilusión.

Se construyó un equipo de autor con personalidad e identidad asociado a una persona en la que confluyen los valores que perseguía un Club, que además se  alinearon con un objetivo a conseguir, pero en un giro de 180 grados pasamos del  “Todos Sumamos” a un proyecto huérfano y descabezado y a partir de ese momento el eslogan carece de sentido. Porque un eslogan no es como una marca blanca, tiene que estar en sinergia y conexión con el equipo y la misión que tiene, con los valores que los representan y con quienes los representa.

Lo lamentable es que la parte imprescindible del equipo, que son los jugadores, en estas ocasiones son también los más vulnerables ya que serán los chivos expiatorios de unos resultados que no son los esperados, así que posiblemente serán los próximos perjudicados para compensar lo que ni un eslogan ha sido capaz de respetar.