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El fútbol es una familia, la camiseta de Roberto ha vuelto

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El fútbol es una familia. Todas las familias se desavienen en algún momento. Ya sea por causas mayores o por niñerias. Pasa. No hace mucho contábamos una historia, una niñeria. A Juan Antonio Águila le habían quitado una camiseta de su “santuario personal”. Camiseta de gran valor sentimental y de significativo valor futbolístico. Estoy feliz por haber diagnósticado, sin mucho mérito, que la razón se impondría. Era una ofuscación transitoria. La camiseta ha vuelto porque la gente del fútbol, la de verdad, no se hace daño. 

Sin embargo esto me ha dado un empujón de recuerdos. Cuando Juan Antonio me contó que la “zamarra” era de Valverde…lo primero fue una carcajada. Perdón. No era por el hecho, era por el recuerdo. Roberto Valverde y yo vivímos muchos momentos especiales de periodista y jugador. Dos formas de discrepar, dos maneras de respetarnos. Formas de entender su trabajo y el mio. Después me ha pasado con otros jugadores, no muchos, de la élite. Roberto también jugó en la éite pero le conocí cuando éramos primerizos,”becarios”.

Roberto era consciente de lo que hacía en el campo de entrenamiento, en el partido, y sabía que yo no perdía un entrenamiento ni un partido. Nos dábamos crédito. Era nuestro trabajo. Tampoco tenía un mérito especial.

Las alineaciones no las decía el entrenador, las decidía. Los que estábamos en el campo, cada día, no necesitábamos confirmaciones. Era otra forma de ver y contar el fútbol. Roberto se fue del Real Jaén y se me fue un amigo al que solo le “regalé, en halagos, la última crónica”. Un aplauso escrito por lo que había hecho y otro por lo que dejaba en su adiós. Cariño..y algo más. Juan Antonio, el amo de sus camisetas, es una prueba de lo que digo.

Hoy el fútbol, felizmente, es de otra manera. Lo que se estanca muere. No es el caso. Creo que todos hemos ganado con el crecimiento y la globalización del fenómeno. Nadie puede culpar al mundo por avanzar. Con sus virtudes y sus defectos. Al contrario. Debemos crecer con esto y disfrutarlo. Solo que, de vez en cuando, hay que desempolvar historias y esta, una vez  que la camiseta está en su sitio, me hacía ilusión contarla. Por la camiseta, por Roberto pero, sobre todo, por darme una satisfacción al compartirla. Egoísmo perdonable, espero.