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¡Hay Liga!

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Zidane al mal tiempo, también, buena cara
Zidane

Eduardo Grenier.- Cuba. Tengo una frase incrustada en el pensamiento desde hace meses. La culpable es la experiencia, bendita ella, que en medio de la juventud me ha estirado con violencia las pestañas, abriendo los ojos como dos pelotas de golf, y cuando sucede esto el mundo es más perceptible, muchísimo más previsible. “El fútbol es DEMASIADO cambiante”. Supongo que concuerdan. La frase es DEMASIADO evidente.

Disculpen mis mayúsculas. Quizá la palabra ni siquiera la necesite, pero es así. Hace dos semanas dábamos por muerto al Real Madrid: el Bernabéu pitaba, Canaletas engalanaba su aspecto para celebrar el triunfo, el Turia quería arrebatarle el privilegio a Canaletas y Neptuno, en un silencio sepulcral, disimulaba el advenimiento de una nueva cara del Atlético. La Liga está viva, damas y caballeros, y es un motivo más que suficiente para debatir.

Zidane ha encontrado lo que buscaba. O se ha decidido a utilizar la solución que tenía prevista hacía tiempo y, por esa insensata espera de los técnicos a que las cosas mejoren de porque sí, había guardado en su gaveta. Lucas y Asensio a las bandas. ¡A correr! Innecesario buscar una pizarra para explicar a profundidad variantes tácticas que, según muchos entendidos, al francés le importan un bledo en ocasiones. 

Los dos jugones han revolucionado un equipo que lloraba con angustia la ausencia de balón, en algunos casos, y la incapacidad para aprovecharlo, en otros. El Sevilla fue la víctima. Terrible el equipo nervionense, valga decirlo, que llegó a Chamartín como llega un estudiante al colegio en su primer día. Desprevenido, tímido, volátil… Son actitudes que se pagan, y ante un rival cuya voracidad estuvo empolvada desde septiembre, el costo no puede ser otro que la goleada de 5-0 en el descanso.

También está de vuelta Cristiano, al parecer revitalizado por el brillo del Balón de Oro, que lució en los bajos de la Torre Eiffel con la emoción del primero. Paradigmática su imagen con los cinco trofeos antes de comenzar el encuentro frente al Sevilla. Fue, sin temor a equivocarme, el primer gol de los merengues. Una anotación tácita, cierto, pero que tejió a base de cariño mutuo un idilio zigzagueante entre el luso y la grada del Bernabéu. El Madrid, cuando quiere, es el mejor equipo de Europa.

En El Madrigal (disculpen, se llama La Cerámica, mas no consigo despegarme de estos nombres clásicos) el Barça hizo temblar la tabla. Sí, sacudió desde las alturas, a ver si caía alguien, con la confianza de su solidez en la primera plaza. Lo de Valverde es un escándalo, ya no solo a nivel físico, sino desde la perspectiva táctica. Pedazo de entrenador el Txingurri.

El submarino amarillo no sorprendió en su oferta de juego. Salió a esperar y cazar algún gol de contragolpe. Pero Calleja mandó a muy poca gente a la zona rival, y el primer tiempo se fue entre “ires” y “venires” que, salvo algún chispazo, dieron al traste con una primera mitad en exceso tranquila. El 0-0 final inundó el césped del Madrigal (¡uff, otra vez me olvido de La Cerámica!) hasta que De Burgos, en una jugada polémica que sancionó con rigurosidad, para variar, dejó a los anfitriones con diez.

De cualquier forma, lo plausible de este Barça es que sabe manejar todas las franjas de sus encuentros. Tiene muy claro lo que busca y el estilo de su técnico. Por momentos es un equipo que extraña aquellos conjuntos culés que salían a “matar o morir”, entreteniendo incluso a sus rivales ¡Tonterías! Al final, lo importante es ganar. Y este Barcelona, amigos míos, todavía no conoce la derrota. Las conclusiones están más que dictadas.

Un último párrafo va para los equipos que vienen detrás. Poco que decir del Valencia de Marcelino, ordenado e incisivo, un candidato que se ha ganado no ser mirado ya de reojo. Y el Atleti del Cholo también está otra vez en la forma que quieren sus fieles (nunca mejor dicho). Del resto, mención especial para el Getafe, que este año ha dejado en la retina de la afición una versión exquisita, madura, un reflejo nostálgico de aquel EuroGeta que encandiló al continente. Ojalá sigan así. Asimismo, Abelardo parece que puede enderezar la desvencijada trayectoria del Alavés: un gran técnico para un gran club. ¡Chapeau!